CARPALAA toda la comunidad arquidiocesana de Morelia y a los hombres y mujeres de buena voluntad:

Les saludo con mucho cariño en este tiempo especial de gracia, y les invito a disponer la mente y abrir las puertas del corazón para encontrarnos con Dios, realizando juntos experiencias significativas de perdón y reconciliación, de conversión sincera en la construcción de la paz, y de perdón y reconciliación en relación con los hermanos.

La Cuaresma es el tiempo previsto para preparar a todo el Pueblo de Dios para la gran celebración de la Pascua del Señor, que actualiza la Muerte y Resurrección de Jesucristo. En ella iniciamos el reconocimiento de nuestra condición humana en toda su fragilidad, expuesta a todo tipo de rupturas: con Dios, con el medio ambiente, con los hermanos, con la sociedad y consigo misma.

La Cuaresma es tiempo para la reconciliación, tan necesaria en todas partes: en las familias, en las comunidades, en las instituciones, en la sociedad misma. Es tiempo de escucha y de diálogo como herramientas para el encuentro, el perdón y la construcción de la paz. Es tiempo de conversión al Dios vivo y verdadero, el Dios de Jesucristo, quien muriendo vence a la misma muerte, es vencer el poder destructor del pecado, para que surja la vida nueva del Resucitado.

El Papa Francisco nos llama a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo y ser solidarios.

La caridad y la solidaridad nos conducen a la paz de Dios, que rompe la cerrazón mortal en sí mismos que nos lleva a la indiferencia. Con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio, la Iglesia nos ofrece un camino para la conversión y la transformación de vida, conforme a lo que Cristo nos exige. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros, sino de verdadero servicio al hermano. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él, caritativos y solidarios. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los Sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el Cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

Los invito a que aprovechemos paso a paso el tiempo de la Cuaresma y pido a todos los fieles católicos a prepararse para aprovechar este tiempo favorable para encontrar la paz en Cristo y que la sepamos transmitir a los demás. Todos somos corresponsables de que podamos transformar la violencia e inseguridad en una oportunidad de encontrar el camino de la armonía, la seguridad y la paz siendo solidarios y caritativos.

Convirtámonos a Dios y transformemos nuestro estilo de vida, para contemplar juntos un nuevo amanecer en nuestra Arquidiócesis de Morelia y en los Estados de Michoacán y Guanajuato, con la consecución de objetivos comunes, favoreciendo a los más pobres y necesitados y en particular atendiendo a las víctimas de la violencia.

Nuestra Señora de la Salud nos acompañe en esta Cuaresma e interceda por nosotros para que logremos frutos abundantes de conversión.

Con mi oración, cariño y bendición.

En Cristo, Nuestra Paz

† Carlos Garfias Merlos,

Arzobispo De Morelia