Alberto Cardenal Suárez Inda, Arzobispo de Morelia y

Presidente del Consejo

Interreligioso de Michoacán

A nombre de los hermanos ministros de diferentes confesiones cristianas que conformamos el Consejo Interreligioso de Michoacán, me permito abrir en esta columna una serie de reflexiones sobre la próxima jornada electoral que tendrá lugar el próximo 7 de junio a nivel federal (renovación de la Cámara de Diputados), estatal (gubernatura y diputaciones locales) y municipal (ayuntamientos).

A través de los diferentes medios de comunicación social, los michoacanos pudieron testimoniar el primer debate público que sostuvieron los candidatos contendientes para la elección de la gubernatura del Estado.

Juzgo que es positivo que todos podamos conocer más a los candidatos, su personalidad, su trayectoria y experiencia, sus principios y aspiraciones, sus propuestas y compromisos. Nunca ha sido fácil la tarea de un gobernante, pero hoy todavía es más exigente y compleja; requiere apertura al diálogo, visión de futuro, serenidad y firmeza; en fin, muchas virtudes humanas acompañadas de un cierto carisma.

Estoy convencido de que los ciudadanos, en su inmensa mayoría, no son tontos o incapaces de discernir y saber elegir de manera libre y razonada. Ya no es el tiempo de manipulaciones o engaños a base de propagandas mediáticas. Estamos en una época en la que es necesaria una madurez en los electores para avanzar a una democracia real.

Los verdaderos problemas reclaman respuestas claras y efectivas. El desempleo y la pobreza, la desintegración familiar, el descuido de la educación, la inseguridad y la impunidad, etc., son retos que gobierno y sociedad debemos afrontar, no con recetas inmediatistas sino con programas que vayan a la raíz y tengan perspectivas a mediano y largo plazo.

El abstencionismo es una tentación motivada por el desaliento o la apatía. La desconfianza generalizada es un reto que debemos superar. Los pastores de Iglesias y Confesiones Cristianas invitamos a nuestros feligreses y a todos los ciudadanos a no dejarnos vencer por el pesimismo. Es la hora de participar con el voto y, después de la elección, exigir de manera civilizada pero decidida la honestidad y la eficiencia a quienes administrarán los recursos públicos en bien de la comunidad.

Sabemos bien que los ministros de culto debemos ser muy respetuosos del proceso electoral. Mi voto es el de un ciudadano más, que seguramente no va a inclinar la balanza ni a decidir los resultados; pero es un voto tan valioso como el tuyo. Invito a todos a cumplir con este deber ciudadano por amor a la patria, y porque así iremos construyendo en la tierra el Reino de la justicia y la paz.