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† Alberto Cardenal Suárez Inda, Administrador Apostólico de Morelia

 

La Arquidiócesis de Morelia abre sus puertas y su corazón para recibir a Monseñor Carlos Garfias, su nuevo Pastor. Viene enviado por el Señor que dijo a sus Apóstoles: “Quien a ustedes recibe, a Mí me recibe”. Dios se vale de medios humanos para realizar sus designios. Ha sido el Papa Francisco quien, tomando en cuenta las consultas hechas por sus colaboradores, decidió nombrarlo. En obediencia de fe lo aceptamos y pedimos para él la “gracia de estado” en el ejercicio de su ministerio.

Daremos también la bienvenida al Señor Nuncio Apostólico Mons. Franco Cóppola, quien por primera vez visita nuestra Diócesis. A través de su persona nos vinculamos con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia Universal.

Estarán presentes los Obispos representantes de las 18 Provincias Eclesiásticas de México, que tendrán su reunión en esta Ciudad en días previos a la toma de posesión. Experimentaremos así la comunión con los católicos de todo México. Nos alegra que vengan fieles de Ciudad Altamirano, Ciudad Nezahualcóyotl y Acapulco, comunidades a las que sirvió anteriormente Mons. Garfias.

Un antiguo adagio dice: “las puertas están abiertas, pero más abierto está el corazón”. Puertas abiertas son el signo de dejar entrar y dejar salir. Morelia ha sido tradicionalmente Iglesia de migrantes y misioneros que han llevado la fe al dispersarse por todo México y más allá de nuestras fronteras.

En estos últimos años, además de vocaciones de laicos y de diferentes institutos religiosos, varios sacerdotes diocesanos han dado años de su vida en otras latitudes, por ejemplo en Chile, Perú y Uruguay, en Cuba y en República Dominicana, así como en diversas Diócesis de Estados Unidos. Mons. Juan Espinoza sirvió varios años a la Santa Sede y ahora como Obispo lo hace para el CELAM en Bogotá.

Media docena de presbíteros fueron nombrados Obispos de otras tantas Diócesis de México.

La identidad de una Iglesia local se enriquece con el dar y recibir. Con el intercambio nada perdemos, más bien ganamos. Siempre habrá riesgos, pero son más las oportunidades cuando prevalecen el diálogo y el amor a Cristo que se encarna en las distintas culturas; ser católicos es una bendición.

Con esta columna se cierra un largo ciclo de la Palabra del Obispo, lo cual no significa que me olviden ni los olvide, han sido más de 20 años de dejar semanalmente una pequeña semilla cuya fecundidad es fruto de la gracia y sólo Dios conoce. El Señor nos bendiga y conserve en su amor.