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Es en los confines de este estado donde se encuentra tan singular templo, y es precisamente ese carácter el que le da cierta particularidad a su conformación, de reciente factura, el templo de Nuestra Señora de los Dolores, ubicado en el poblado del mismo nombre (Dolores, Mpio. de Epitacio Huerta, Mich.); nos sorprende, en un poblado de pocos habitantes pero de gran fervor. Ellos han querido rendirle homenaje a la Madre de Dios en sus momentos más difíciles con una obra que se erigió entre 1971 y 1978, gracias al esfuerzo de la familia Hernández Siciliano, laicos y religiosos, según consta en una placa al entrar al recinto.

Esta cuasiparroquia de más de 30 años conserva características propias de muchos pequeños templos antiguos: está enclavada en el centro y parte más elevada de la población, la barda perimetral es de amplios arcos invertidos tipo escarzano [1] o carpanel, que sirven para separar la plaza del atrio, son altos y hechos en cantera rosa; el pórtico tiene dos columnas de capitel cuadrangular y sobre ellos dos copones, por en medio una verjilla. Al interior, esta muralla tiene nichos que resguardan pequeñas piezas, representan el viacrucis y están guarecidas por puertecillas con cristal y de rejilla en forma de cruz; en cada esquina de la fortaleza dos contrafuertes o arbotantes a modo de arco de medio punto sostienen cúpulas que rematan de manera singular el perímetro y sirven para guarecerse de una fuerte lluvia o del sol.

Estos muros fueron terminados a finales del siglo pasado el 31 de agosto de 1999, “Año del Padre Celestial”, y en la antesala de este nuevo siglo, por lo que muchos de sus elementos tienen este trascendental carácter a dos milenios de nacido Jesús y le son un digno homenaje.

Al centro del atrio, encontraremos tres niveles cuadrangulares que sostienen una columna toscana que nos lleva a la cruz; a un costado un montículo nos muestra a un fraile que camina hacia un bajorrelieve de México homenaje a la Evangelización del país; el religioso sostiene un par de libros y recordatorio del gran sentido alfabetizador que representaron los misioneros. La torre campanario se incorpora al cuerpo del templo que tiene ventanales circulares en el coro y laterales en forma de lanceta. En la entrada se nos recibe con un portón de madera que divide una cruz, pero también manos, rostro y pies del Salvador, a Quien habremos de encontrar en el altar, a sus pies la Dolorosa, también lo encontraremos en brazos de la Virgen del Carmen, en los de San José, como pequeño Rey con ropón, capa, corona y cetro; o como el Niño vestido humildemente con los brazos extendidos al cielo como abrazando al Padre y en una invitación a guarecerlo; también está como el Sagrado Corazón, que nos extiende sus manos llagadas; habita en el vientre de la Guadalupana acompañada de San Juan Diego; está también en el viacrucis, pero ahora al óleo, en cada una de sus Apariciones.

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Jesús también está representado en dos bellas pinturas: una con el Descendimiento de la Cruz y la otra con su Ascensión, obra del pintor I. Ramírez y creadas en 1977. Sobre su Muerte, la Biblia nos dice: “También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27, 55-56). En la pintura podemos suponer quiénes son algunos de estos personajes: la Madre de Jesús, por ejemplo, tiene un halo dorado y sujeta su cabeza mientras un par de hombres cargan su cuerpo, otro llora en su brazo, mientras alguno le besa el pie, un anciano contempla la escena mientras una mujer se conmueve, todos parecen descalzos, muestra de humildad, sobre la cruz (que habrá de permanecer siempre erguida, como signo de fe) se apoya la escalera con que habrían de bajarlo, el escenario es completamente desolador y sombrío, donde apenas asoma unos rayo de sol (visión del padre) y a lo lejos la torre de una ciudad.

Sobre la Ascensión, el evangelista Marcos (16,19) nos dice: “Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al Cielo y se sentó a la derecha de Dios”, en clara alusión a los Apóstoles, y después de anunciar su legado, en la pintura veremos a siete que miran expectantes hacia el Cielo, cuatro de rodillas y tres mujeres, entre ellas María, están en el campo sobre una camino flanqueado por una cerca y con cerros en el fondo (como los de este poblado), Jesús en lo alto, con manto blanco y rodeado de querubines por encima y de dos ángeles que lo custodian, uno en oración y otro en un abrazo, como hemos visto en las piezas de bulto de otros templos, sus alas desplegadas y ascendentes indican el camino.

[1] Tipo de arco cercano a la línea recta, es menor que el semicírculo del mismo radio.

 

Alfonso Francisco

Hernández Pérez