misionero

“Dios escoge a los mejores pastores y los guarda en su corazón.” Con esta proclamación se realizó la misa de acción de gracias hace unos días en Cd,. Hidalgo por la bodas de plata sacerdotales del P. .Alfonso Pérez Arizmendi, MC, quien con gran alegría llegó acompañado por varios sacerdotes, quienes se unieron a su júbilo y en la cual se dio gracias a Dios por todos los dones  recibidos y se mostró muy contento por su  trabajo en la Orden de los Misioneros Combonianos,

Nació el 25 de Enero de 1960 en Ciudad Hidalgo, Mich, siendo el segundo hijo de cinco hermanos (dos mujeres y tres varones). El P. Alfonso recordó: “Mis deseos de entrar al seminario eran grandes, pero algo impedía, la situación económica, y mi madre que se oponía debido a la edad. Gracias a la intercesión de mi párroco, en aquel entonces el P. José Reyna, mis sueños comenzaron a hacerse realidad, entré al Seminario de Morelia el 29 de Agosto de 1972”.

“...Es en el periodo de la Filosofía, 2º. Año, que reviene al corazón la inquietud por las Misiones. Comencé a escribir a los Misioneros Combonianos, los cuales me respondieron inmediatamente invitándome a los encuentros y después de un largo tiempo de reflexión y oración, con la bendición de Rector y Obispo entré a esta gran y bella aventura Misionera”.

“Fui ordenado Diácono el 11 de Noviembre de 1989 en Roma y sacerdote el 25 de Agosto de 1990 en este lugar por el entonces Excmo. Señor Arzobispo Estanislao Alcaraz F.

“De 1990 a 1997 fui enviado a la Misión a la República Centroafricana, “El tiempo que he pasado en la misión creo que ha sido lo más bello que me haya sucedido en la vida, el Señor no me ha defraudado… En 1997 regresé a México, me destinaron a la Animación Misionera, primero en Monterrey y otro periodo en Sahuayo, Mich. En el 2003 tuve la oportunidad de regresar a Centroáfrica, este periodo fue más corto, tuve que regresar a Roma y ser destinado a Perú en 2005 donde permanecí hasta este año, los últimos seis años como párroco en el Señor de los Milagros de Trujillo. Aunque estamos cerca de la costa, nunca llueve, pero la mayor parte de su gente es muy buena, acogedora y trata de vivir su fe con mucha fuerza. A partir del mes de julio de este año, mis superiores me destinaron a formar parte del equipo formativo de nuestro único seminario menor que se encuentra en Sahuayo, y es donde inicio una nueva etapa de mi apostolado pidiendo la oración de todos los fieles para realizar con amor mi tarea”.

Informó: Gonzalo Ávila • Morelia