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  • Comentario al Evangelio del domingo, 22 de octubre de 2017

    Ciudad Redonda

    Pagamos muchos impuestos. En la sociedad pagamos impuestos y tasas. Muchos. Muchas veces. Pero, abramos los ojos a la realidad, los más altos impuestos no son los que pagamos al Estado para que construya mejores carreteras, atienda las escuelas y la salud pública, financie nuestra seguridad, ayude a los más necesitados y tantas otras cosas necesarias que sólo el Estado[…]

Peregrinación por el Día del Rosario
Peregrinación por el Día del Rosario

Laicos comprometidos, el día 7 de octubre, celebramos a la Virgen del Rosario caminando en peregrinación desde la Catedral de Morelia, por la Avenida Madero, hasta llegar al Santuario de Nuestra Emperatriz y Reina, la Santísima Virgen María de Guad [ ... ]

Cantamisa del P. Jorge Alejandro Arriaga
Cantamisa del P. Jorge Alejandro Arriaga

  EN Tlalpujahuilla, Mich. De un viento frío sería la mañana del 5 de octubre de 2017; algunos adornos daban cuenta ya del recorrido que haría el P. Jorge Alejandro Arriaga López al filo de las 12:30 pm, desde la escuela “Tata Vasc [ ... ]

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Los efectos de la caída

Somos criaturas que hemos caído. No siempre amamos como deberíamos. Pero si reconocemos e identificamos nuestros pecados, podemos arrepentirnos de ellos.

Podemos ver la prueba de esta caída en nuestras acciones diarias: en nuestro corazón dividido y en los obstáculos a la virtud que son tan comunes en el mundo. La “esclavitud del pecado” se hace “sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo este tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal” (Catecismo de la Iglesia Católica 1606).

Asuntos y contextos económicos

La pobreza y las dificultades económicas debilitan el matrimonio y la vida familiar alrededor del mundo. Al mismo tiempo, los datos de las ciencias sociales muestran que los matrimonios y las familias estables ayudan a superar la pobreza. Los matrimonios y las familias fuertes crean esperanzas, y la esperanza lleva a un propósito y un logro. Estos datos nos permiten ver que una fe católica fuerte tiene consecuencias tanto prácticas como espirituales. Ayudar a las familias a romper círculos viciosos y transformarlos en círculos virtuosos, es una razón por la que la Iglesia presta atención tanto a las circunstancias económicas como a las circunstancias espirituales de nuestra vida.

En la encíclica Caritas in veritate, el papa Benedicto XVI señaló: “La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos”. Jesucristo vivió la pobreza y provenía de una familia que había sido refugiada. Ahora llama a la Iglesia para que tome una posición de solidaridad con las familias que están en una situación similar. Si decimos que nos preocupamos por la familia, debemos preocuparnos por los pobres. Si nos preocupamos por los pobres, estaremos sirviendo a la familia.

La actual economía global, hipercapitalista, también daña a las familias de la clase media y ricas. El mercado crea una necesidad infinita por experiencias nuevas, un ambiente de continuo deseo siempre insatisfecho. En la cultura materialista moderna el ruido, las distracciones y la necesidad incansable de tener más cosas, perturban la estabilidad familiar. La vida, en un ambiente dominado por la mercadotecnia, puede tentarnos a pensar que si deseamos algo, llegamos a un acuerdo, y podemos pagarlo, tenemos derecho a ello. Ese sentido de derecho es una ilusión destructiva, un tipo de esclavitud a los deseos, que disminuye nuestra libertad de vivir virtuosamente. Nuestra incapacidad para aceptar los límites, nuestra terca insistencia en satisfacer nuestros deseos, alimentan muchos problemas espirituales y materiales en nuestro mundo de hoy.

Por qué está mal la pornografía

Comercializar el sexo siempre implica comercializar a las personas. La pornografía, a menudo relacionada y alimentada por la crueldad del tráfico humano, es ahora una epidemia no sólo entre los hombres, sino también cada vez más entre las mujeres. Esta industria, que deja mucho dinero, puede invadir cualquier hogar a través de una computadora o televisión por cable. La pornografía instruye a sus consumidores en el egoísmo, enseñando a ver a los demás como objetos que sirven para satisfacer los deseos.

Para cada uno de nosotros aprender a tener paciencia, generosidad, tolerancia, magnanimidad y otros aspectos del amor es algo bastante difícil. La pornografía vuelve, aun más difícil, la entrega a los demás y la alianza de Dios. La masturbación está mal por las mismas razones; dificulta una sexualidad madura y una intimidad auténtica con el cónyuge. La pornografía ha tenido un papel importante en muchos matrimonios rotos.

Por qué está mal la anticoncepción

De la misma manera, la anticoncepción también lleva a considerar el deseo sexual como un derecho. Al separar la procreación de la unión matrimonial, la anticoncepción oscurece y debilita la razón de ser del matrimonio.

Hay matrimonios que piensan que ejercer la sexualidad utilizando anticonceptivos ayuda a mantener unida a la pareja. Otros se han acostumbrado tanto a la anticoncepción, que las enseñanzas de la Iglesia les parecen inaceptables.

La Iglesia cree que la insistencia en la anticoncepción se basa en ideas sobre el matrimonio que no son ciertas. Como explicó el papa Pío XII: “algunos querrían alegar que la felicidad en el matrimonio está en razón directa del recíproco goce en las relaciones conyugales. No: la felicidad del matrimonio está, en cambio, en razón directa del mutuo respeto entre los cónyuges, aun en sus íntimas relaciones” (Papa Pío XII. Alocución a las comadronas, 29 de octubre de 1951). Ver la anticoncepción como necesaria, o hasta útil, es un error. Un matrimonio feliz, de los que duran toda la vida, tiene más en común con las virtudes de generosidad, paciencia y entrega del celibato, que con la búsqueda de placer.

La anticoncepción debilita la libertad y el poder interior. En la medida en que los deseos sexuales sean tratados como derechos o como deseos que no pueden posponerse, se manifiesta la necesidad de crecer en libertad interior. Como una “solución técnica” a lo que realmente es un problema moral, la anticoncepción “oculta la cuestión de fondo, que se refiere al sentido de la sexualidad humana y a la necesidad de un dominio responsable, para que su ejercicio pueda llegar a ser expresión de amor personal” (Paulo VI, Humanae vitae 10).

Los beneficios de la planificación familiar natural

Razones muy serias, que surgen de las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, pueden llevar a los esposos a evitar un nuevo nacimiento. Los esposos católicos que se encuentran en esta situación necesitan maestros, mentores y amigos que los guíen y apoyen en la planificación familiar natural. Las parroquias y las diócesis deben hacer de esta ayuda una prioridad pastoral. Es absolutamente más probable que una pareja viva realmente la enseñanza católica, si tiene rumbo espiritual, instrucción práctica y amigos que la apoyen. Todos los laicos, los párrocos y los obispos tienen la responsabilidad de crear estas condiciones que permitan a los matrimonios encontrar esa ayuda.

La planificación familiar natural lleva a los cónyuges a subordinar sus deseos sexuales de corto plazo, al llamado de Dios a realizar la vocación al amor en su vida. Esta subordinación del deseo es lo que hace tan diferente la planificación familiar de la anticoncepción. La planificación familiar es un camino para seguir al Señor en el matrimonio, un camino íntimo y exigente y, por lo tanto, potencialmente hermoso y profundo. La planeación familiar natural se basa en la belleza y la necesidad de la intimidad sexual matrimonial, pero como depende de la abstinencia ocasional para espaciar los nacimientos, invita a las parejas a la comunicación entre ellos y al autodominio.

La idea misma de la monogamia presupone que los hombres y mujeres puedan disciplinar sus deseos sexuales y aprender a tratar a su cónyuge con generosidad y fidelidad. La abstinencia periódica que requiere la planeación familiar natural profundiza el compromiso que las personas casadas ya han adquirido. La planeación familiar natural es una forma de construir un hogar sobre roca y no sobre arena.

La anticoncepción propaga más extensamente en la sociedad la confusión sobre el matrimonio

La anticoncepción no sólo debilita el matrimonio, también tiene otros efectos en la sociedad. La anticoncepción facilita el sexo fuera del matrimonio, como si la intimidad sexual pudiera existir sin consecuencias. Muchos de los argumentos que buscan justificar la anticoncepción también se aplican, con resultados más brutales, para justificar el aborto.

Al separar el sexo de la procreación se crea una cultura que fundamenta el matrimonio en la compañía emocional y erótica. Esta cultura genera mucha confusión sobre lo que realmente es el matrimonio, haciendo que el divorcio se vea como algo normal, como si el matrimonio fuera un contrato que pudiera romperse y renegociarse.

Como escribió el papa Francisco “La familia atraviesa una crisis cultural profunda... El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja: Como enseñan los obispos franceses, no procede del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total” (Papa Francisco, encíclica Evangelii gaudium 66).

Por qué la Iglesia no apoya al llamado matrimonio entre personas del mismo sexo

Considerar que el fundamento del matrimonio es la satisfacción erótica y emocional también abre la puerta para justificar las uniones entre personas del mismo sexo. En los lugares en donde el divorcio y la anticoncepción son habituales han surgido movimientos para redefinir lo que es el matrimonio.

Como es bien sabido, la Iglesia no acepta el matrimonio entre personas de un mismo sexo. No porque se denigre a las personas o porque no se reconozca el afecto que pueda existir entre ellas. La Iglesia católica sostiene que todos somos llamados a dar y recibir amor. Pero cuando los católicos hablamos de matrimonio nos referimos a algo más que lo puramente emocional. El matrimonio tiene también sus raíces en las posibilidades y desafíos planteados por la capacidad reproductora de las diferencias sexuales. Creados a imagen de Dios, nuestro destino es siempre apertura a los demás, servicio y amor. En ningún caso nuestros deseos eróticos o nuestra afectividad son autónomos o independientes de la totalidad de la persona y la vocación a la que está llamada.

El contexto filosófico, legal y político para el matrimonio en el presente

Los debates sobre la redefinición del matrimonio, incluyendo el tema de la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo, no pueden ignorar el hecho de que la familia es “anterior” al Estado político. La sociedad no inventa o funda la familia, por el contrario, la familia es la base de la sociedad. Por tanto, la autoridad pública tiene la obligación de proteger y servir a la familia.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 insiste en que “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.” Pero a medida que más leyes suponen que el matrimonio es únicamente un contrato entre dos personas, se deja de reconocer a la familia sus derechos y obligaciones naturales. En lugar de ver al matrimonio como una institución natural que debe ser respetada, se le considera subordinado a la voluntad política, y ahora es el Estado el que pretende supervisarla y autorizarla. La Iglesia no tiene otra opción que oponerse a estas perspectivas para proteger a las familias, los matrimonios y los hijos.

Una sociedad que piensa erróneamente que el matrimonio siempre se puede renegociar, que sólo se debe tomar en cuenta lo que quiere la persona en ese momento, considerará al matrimonio como un simple contrato. Pero los contratos no son lo mismo que un matrimonio basado en un compromiso de amor verdadero. El razonamiento detrás de esos contratos defectuosos no concuerda con el don del matrimonio como un sacramento de la alianza.

Todas las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad surgen de Jesús. La teología moral católica responde a las preguntas más profundas de la humanidad. Surge de las convicciones cristianas sobre la Creación y la Alianza de Dios, la caída de la humanidad, y la Encarnación, vida Crucifixión y Resurrección de Cristo.

Cuando la verdadera naturaleza del matrimonio se debilita o se entiende equivocadamente, se debilita a la familia. Cuando la familia es frágil, estamos expuestos a un individualismo brutal. Perdemos muy fácilmente el hábito de la bondad de Cristo y la disciplina de su alianza. Cuando la familia es fuerte, cuando la familia crea espacio para que los esposos y sus hijos practiquen el arte de la entrega siguiendo el modelo de la alianza de Dios, entonces entra la luz en un mundo oscuro. Bajo esta luz se puede ver la verdadera naturaleza de la humanidad. Es por eso que la Iglesia se opone a las sombras que amenazan a la familia.

Preguntas para comentar

1. ¿Cuál es la diferencia entre la anticoncepción y la planificación familiar natural?

2. ¿Qué tienen en común el divorcio, la anticoncepción y el matrimonio entre personas del mismo sexo?

3. ¿Qué desafíos a la castidad existen en su comunidad, y a dónde debería ir una persona en su parroquia para aprender sobre las enseñanzas de la Iglesia? ¿De qué maneras puede apoyar su parroquia a las personas que desean vivir las enseñanzas de la Iglesia?

* Tema de una de las catequesis sugeridas por las Dimensiones Episcopales para la Familia y para la Vida, de laconferencia Episcopal Mexicana, para preparar la Semana de laFamilia.

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