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Un documental presenta la tragedia, el sacrificio de Michoacán. Destaca la figura de un héroe grande, líder de los autodefensas; el Gobierno frustra la victoria del movimiento.

Estamos frente a escenas desgarradoras presentadas sin efectos sofisticados de la técnica.

El documental Tierra de Cárteles presenta la tragedia de Michoacán, el tema paralelo de problemas de Arizona secundario.

La terrible situación que han vivido muchos michoacanos se convierte en historia y leyenda. Los medios de comunicación tienen esa magia de abreviar los tiempos para hacer historia.

He escuchado la narración de estos acontecimientos de mis amigos de Tierra Caliente, donde se desarrolla la gesta de los autodefensas.

El documental es reflejo fiel de la realidad. La información que han presentado muchos noticieros y discursos oficiales ha dado una percepción falsa, fuera de la realidad.

Los autodefensas toman las armas en defensa propia, para defenderse de la muerte, los despojos, las violaciones, de una violencia insoportable.

El papel del Ejército aparece triste, sin compromiso con la justicia ni el bien del pueblo, al servicio de intereses oscuros. La película focaliza toda su atención en José Mireles Valverde.

La figura de Mireles es evangélica por su sencillez, su verdad directa. Su discurso breve, sincero, sencillo, contrasta con el estilo grandilocuente, plagado de lugares comunes y poses, con la falsa expresión de seguridad, contundencia e interés por los problemas del pueblo del discurso oficial.

Mireles no acepta abandonar la causa para pasarse del lado del Gobierno, a las defensas rurales, como Papá Pitufo y el Gordo.

Se queda solo, fugitivo. Un letrero al final de la película lo borra del mapa como una muerte social: “El doctor José Manuel Mireles Valverde fue hecho prisionero el 27 de junio de 2014”.

Es grande la figura de Mireles, revolucionario; conserva la pureza, la clarividencia de la causa. Es un héroe de la fidelidad al pueblo, a la persona humana con su dignidad.

El documental, con sutileza y naturalidad, hace de él un héroe muy limpio, noble, valiente, inquebrantable hasta el final.

Presenta la situación real de los michoacanos: angustia y terror por el azote del crimen, miseria, estado fallido.

El Gobierno y sus instituciones han claudicado. Cuando están infectadas de corrupción y no cumplen su tarea, existe el derecho y el deber de defender la justicia y el derecho.

Hubo infiltrados que cometieron crímenes con la camiseta blanca de los autodefensas. Muchos narcos emigran a las defensas rurales y a los viagras.

Mireles no acepta cambiar la camiseta blanca por una azul de la nueva policía. Porque “el Gobierno nunca cumple su palabra”. Hay casos dolorosos en la historia.

El Gobierno maneja la situación a su favor, sin importarle la justicia y el bien del pueblo. Da la camiseta de la policía a criminales como aquellos que “cocinan” la droga a ratos y a ratos se visten de policías.

La gente sencilla de la región expresa que el Gobierno da el poder a quien le da dinero y hace fuertes a los criminales. Todo es un inexorable juego de poder y dinero.

Al final, la situación queda como era en el principio: no hay Estado de Derecho, continúa el mismo dolor del pueblo expuesto a la muerte, la inseguridad y desconfianza.

Vemos un pueblo mártir. La clase dirigente no entiende nada del sacrificio del pueblo, le parece algo banal.

Quienes tienen fe, gozan de una visión trascendente de su martirio: Cristo les dará la paz y la corona de la gloria a los autodefensas caídos, su sangre es semilla del mundo nuevo, aurora de paz, prepara la venida de la nueva era de justicia y paz.