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  • Las tres heridas del matrimonio

    Ciudad Redonda

    El popular poema de Miguel Hernández presenta al que viene con tresheridas: la de la vida, la del amor, la de la muerte. Y ese que vienesomos todos. Y cada uno de nosotros. Y esas tres heridas afectan a lapersona y a su red de relaciones. Especialmente a la relacióncualitativamente más libre e inclusiva que es la relación matrimonial.

Mensaje de Año Nuevo 2018
Mensaje de Año Nuevo 2018

Arquidiócesis de Morelia Mensaje de Año Nuevo 2018 + Carlos Garfias Merlos   A TODA LA COMUNIDAD DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MORELIA Y A LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD. ¡Feliz año 2018! Les deseo a todos que el niñito Jes&u [ ... ]

Comunicado de Prensa 31-17
Comunicado de Prensa 31-17

  CIV ASAMBLEA PLENARIA DEL EPISCOPADO MEXICANO Del 13 al 17 de noviembre, los obispos de México nos hemos reunido en la Casa Lago, Sede del Episcopado Mexicano (CEM), para celebrar la CIV Asamblea Plenaria. Los Obispos de México reflexionamos sobre la tris [ ... ]

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Para darle base a mi reflexión, comienzo por decir que el amor es una exigencia existencial, y que la ley positiva lo hace un deber. Como exigencia existencial, el gran Padre San Agustín lo define como “un movimiento o tendencia hacia algo o hacia alguien”. “Es la fuerza de la vida y del alma”. Como deber, es una obligación que marca la ley positiva y que Dios, en sus mandatos, lo pone (el amor) como base para nuestra relación con Él y con nuestros semejantes. Todo lo que Moisés escribió lo hizo con miras a este doble Mandamiento que Jesús hace suyo: “Les doy un Mandamiento nuevo, ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”. El amor es la iluminación a todos los mandamientos, y sin él, no entenderíamos el Misterio de la Encarnación en el que Dios manifiesta su amor al hombre, y Cristo el Encarnado nos dice en su nueva creación cómo es y se vive ese amor divino. La liturgia enmarca con propiedad el tema que se presenta. El Libro Sagrado expresa muy claramente, que el amor de Dios manifestado al hombre al enviar a su Hijo, no tiene límite en cuanto a espacio, cultura, edad o condición social en que se encuentra el hombre, pues la salvación es para todos. En los Hechos de los Apóstoles, en la visión que tuvo Pedro, se le comunicó que tratara bien a los paganos de Jope, y cuando Pedro se resistía, el Señor le dijo: “Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano”. “Dios me ha dicho que no debo llamar profano e impuro a nadie”.

San Juan, en el capítulo 4 de su Evangelio, narra el encuentro de Jesús con una mujer pagana de Samaria, que en el Evangelio se conoce como la samaritana, encuentro que Jesús aprovecha para manifestarle que la salvación no es sólo de los judíos, sino para todo hombre, sin importar su procedencia. Sabemos que esta mujer se admira porque un judío hable con ella: “Si supieras quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a Él, y te daría un agua viva”. “Mujer, créeme, llega la hora en que ustedes (paganos) adorarán al Padre en todas partes, sin tener que venir a Jerusalén”. “Yo sé que vendrá el Mesías”. “Yo soy, el que habla contigo”. Es esta una manifestación muy clara de que nos debemos amar en todas partes, sin interesar quiénes seamos, sólo porque somos todos hijos del mismo Padre.

¿Por qué si el amor es ya en sí una exigencia, Dios lo pone como un mandato? Porque el amor, aun el más seguro, necesita una garantía, y esa es el precepto. Quiero abundar en calificar mejor el amor humano, para darle la dimensión que le da Cristo en su Evangelio. San Agustín dice que al decir Cristo que nos da un mandamiento nuevo nos da a entender que renueva a patriarcas, a profetas, y a nosotros mismos, pues nos dice: “El amor es el fin del mandamiento... que el amor es la perfección a la que deben referirse todos los demás preceptos”. Si seguimos hablando sobre el tema, nos queda por decir que este amor del que hablamos no tiene que ver nada con el amor: amor libre, amor novelero, o el que sólo dicta la carne y la sangre; el Amor del que habla Cristo es el Amor del Padre (el mismo Amor de Dios) “Dios es amor (del que habla San Juan)” o del que el mismo hombre lleva como un sello en su esencia, y que para San Agustín es el que descubre y habla con Dios, el que nos ayuda a amar al hermano, como Cristo nos enseñó: “Como Yo les he enseñado”. Es ciento que en todo acto de amor humano, encontraremos también el eros, que no es sino el encuentro exigido de hombre y mujer, y en general de todo ser humano, necesario para la convivencia y la conservación de la especie. ¡Felicidades por amar y ser amados!

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