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Este templo dedicado al Señor del Encinal fue construido por la Orden de los Carmelitas Descalzos. En muchos de sus detalles podemos encontrar vestigios de esta Congregación. El atrio, en primera instancia, se encuentra cercado por una barda baja y rematada por una modesta herrería. Un detalle que se ha cuidado en los últimos tiempos es la colocación de rampas para facilitar el acceso, que nos lleva a un pasillo flanqueado por altos pinos que nos llevan hasta el portón del templo, éstos limitan un poco la vista desde el exterior, pero dejan el suficiente espacio para apreciar la construcción. Los amplios patios laterales permiten que éstos se puedan usar para improvisadas canchas de fútbol o para las animadas quermeses que se organizan en días de fiesta, que cuentan entre sus principales, las del 1º de enero, día en que se venera al Cristo Titular.

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El Lic. Raúl Sánchez Medina nos relata en su libro Vademécum III un poco de la historia del lugar: “Los Carmelitas lo llamaban ‘La Estancia de San Elías’ (…), le hizo sombra a los cascos de la hacienda, fue construido al estilo antiguo de la Colonia, cuenta este templo con un mural de calicanto”. La citada hacienda tiene vestigios cercanos al templo, destacan dos torres con pórtico estilo medieval. Sobre la llegada de los Carmelitas a estas tierras, el cronista Miguel Alejo López nos relata en sus textos sobre la ciudad de San Andrés de Salvatierra: “Los Carmelitas llegaron casi un siglo después que las anteriores Órdenes a las tierras de Guatzindeo, en el año de la fundación de la ciudad en 1644. Su influencia se dejó sentir inmediatamente después de su llegada, en lo que fue la ciudad propiamente dicha, la cual diseñaron y conformaron en lo urbano y lo social. Muchas comunidades del territorio municipal nacieron a la sombra de sus dos grandes haciendas. En la de San José del Carmen surgió el pueblo de este nombre y en la de La Quemada, El Herradero de San Isidro, La Estancia de San José del Carmen, La Magdalena, San Juan, La Luz, La Palma de La Luz, Los Negros y El Salvador. De la Hacienda de San Elías Maravatío surgieron: Maravatío del Encinal, La Virgen, La Huerta del Carmen, La Estancia del Carmen de Maravatío y La Lagunilla del Carmen”. Como podemos ver, los lugares que hemos revisado en esta sección están llenos de historia.

La portada del templo es acolchada y sus torres nos recuerdan mucho la escuela de Francisco Tresguerras. El pasillo central del templo nos lleva visualmente hasta el retablo del altar principal, este camino se encuentra separado por bancas y arcos que dan lugar a cuerpos laterales que con bancas propias permiten estar como en lugares aparte, en uno tenemos a la Virgen del Carmen que nos permite llegar a Ella, no sin antes pasar por un Cristo difunto, envuelto en bellos mantos de satín blanco y bordados, está en una urna de cristal que nos permite ver todos los detalles y nos obliga a detenernos unos minutos a reflexionar sobre este significativo momento, lo sostienen dos columnas de cantera rosa, labrada con una flor al centro, modesto detalle con que todos los ataúdes deben estar acompañados. La sangre y las heridas bañan el rostro del Buen Pastor, quien con actitud serena descansa.

Es interesante apreciar cómo cada espacio da lugar a retablos dorados de cantera que ceden espacio a piezas de bulto y pilastras. El altar de la Virgen del Carmen encuentra su centro con el escudo de la Orden, mientras abre espacio a pilares que aparentan sostener desde el suelo y hasta el cielo; un querubín al natural eleva la figura que sostiene a un pequeño Niño ataviado de manto café, la Reina coronada se cubre con manto blanco y flecos dorados, mientras con su mano izquierda nos extiende un escapulario, signo para tenerla siempre presente, algunos habrán de ponerse las ropas completas para cumplir una manda y hacer visible esta especial devoción.

El altar principal se encuentra custodiado por San José, de colorido manto verde-amarillo, un cordón dorado rodea su cintura, sostiene a un Niño más vuelto hacia nosotros, de manto blanco y detalles dorados, signo de su realeza, bendice a todo al que se acerca, los apoya la vara de nardos de su pureza, del otro lado una Inmaculada nos abraza mientras levita con sus colores sabor a cielo. Un bello sagrario dorado guarda el Cuerpo de Cristo, es un bajorrelieve metálico con dos Ángeles dorados a los costados y orando, mientras Jesús en el centro nos muestra su Cuerpo en una hostia sobre su Sangre contenida en un copón, cruces, corderos y las tablas de los Diez Mandamientos hacen base con una pequeña cenefa.

09 1de1 4Al Cristo del Encinal lo acompaña la Virgen de los Dolores, de fuerte expresión. Este Señor no data del tiempo de los Carmelitas, relata Benjamín Arredondo en su blog “El Bable”, se suele incluso llevar y traer en peregrinación de la población de Gervacio Mendoza.

El techo da espacio a una bóveda en donde las pechinas tienen frescos de José Cruz, con motivo de los Evangelistas; San Francisco observa sus manos llagadas en el altar izquierdo rindiendo homenaje a la Orden hermana, la capucha que cubre su rostro nos oculta sus enfermedades que se suponen por su escuálida figura; el asiento principal del altar es una bella talla de madera. Santiago Apóstol observa atento desde arriba. Sobre las fiestas de este templo, nos relata Raúl Sánchez que no son tan famosas como las de Cupareo o Urireo, pero son igualmente importantes.

 

Alfonso Francisco Hernández Pérez