laicos

 

P. Leopoldo Sánchez Pérez

 

En este mes en que celebramos, como Iglesia mexicana, el “Día del laico”, continuamos recordando algunos puntos fundamentales del ser y misión de los laicos, expresados en la exhortación Christifideles laici (1988), hoy extraídos del segundo capítulo.

En esta ocasión, hemos seleccionado algunas ideas fundamentales sobre la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, considerada desde la comunión.

 

1. La participación en los Consejos Pastorales diocesanos. Estos Consejos “son la principal forma de colaboración y de diálogo, como también de discernimiento a nivel diocesano. La participación de los fieles laicos en estos Consejos podrá ampliar el recurso a la consultación, y hará que el principio de colaboración –que en determinados casos es también decisión– sea aplicado de un modo más fuerte y extenso” (CHL 25).

2. En los Sínodos Diocesanos. “Está prevista en el Código de Derecho Canónico la participación de los fieles laicos en los Sínodos Diocesanos y en los Concilios particulares o plenarios (CIC c.443, 463). Esta participación podrá contribuir a la comunión y misión eclesial de la Iglesia particular, tanto en su ámbito propio como en relación con las demás Iglesias particulares de la provincia eclesiástica o de la Conferencia Episcopal” (CHL 25).

3. Participación consultiva en la Conferencia Episcopal. “Las Conferencias Episcopales quedan invitadas a estudiar el modo más oportuno de desarrollar, a nivel nacional o regional, la consultación y colaboración de los fieles laicos, hombres y mujeres. Así, los problemas comunes podrán ser bien sopesados y se manifestará mejor la comunión eclesial de todos” (CHL 25).

4. Participación de los fieles laicos en las parroquias. En este nivel eclesial es donde reconocemos que contamos con un número considerable de laicos comprometidos en la evangelización. Gracias en gran parte a ellos, la Palabra se hace presente y activa en nuestras comunidades cristianas.

Los laicos, con su participación en la parroquia, pueden ayudar para que no sea principalmente una estructura, un territorio, un edificio; sino que sea cada vez más la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad; para que sea una casa de familia, fraterna y acogedora, la comunidad de los fieles (Cfr. CHL 26).

Una acertada participación de los laicos puede ayudar a las parroquias para que sean verdaderas comunidades cristianas. Para esto las autoridades locales deben favorecer, entre otras cosas, la adaptación de las estructuras parroquiales con la amplia flexibilidad que concede el Derecho Canónico, sobre todo promoviendo la participación de los laicos en las responsabilidades pastorales (Cfr. CHL 26).

 

Los fieles laicos deben estar cada vez más convencidos del particular significado que asume el compromiso apostólico en su parroquia. Es de nuevo el Concilio quien lo pone de relieve autorizadamente:

“La parroquia ofrece un ejemplo luminoso de apostolado comunitario, fundiendo en la unidad todas las diferencias humanas que allí se dan e insertándolas en la universalidad de la Iglesia. Los laicos han de habituarse a trabajar en la parroquia en íntima unión con sus sacerdotes” (AA 10).

 

 

*Vicario Episcopal de Pastoral