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Saludos cordiales a nuestros queridos catequistas y lectores. El título de este número no es muy alentador. Ya la palabra “crisis” nos evoca algo negativo, sin embargo, es necesario abordar este tema para encontrar los caminos de solución. En la situación de la catequesis actual no faltan ciertamente las experiencias positivas, prometedoras, abiertas al futuro: la fecunda labor de los catequistas, la floración de nuevas formas de comunidad, de ministerios laicales, el aumento de la demanda de formación religiosa, formas nuevas de difusión y lectura popular de la Biblia, el auge impresionante de itinerarios catecumenales, avances en el protagonismo de la mujer, experiencias prometedoras de la catequesis familiar, de diálogo intercultural e interreligioso, etc. Todo esto es motivo de esperanza y presagio de una realidad eclesial que silenciosamente crece desde la base.

Sin embargo, es necesario reconocer que la catequesis, en su forma tradicional, muestra signos evidentes de una grave crisis. Se constatan no pocos síntomas de un malestar y una insatisfacción que detonan la existencia de un problema muy serio: el sistema tradicional de la catequesis no funciona bien, no produce los frutos deseados. He aquí algunos síntomas.

Crisis del proceso tradicional de iniciación cristiana

Es una constatación preocupante: en muchos lugares, la catequesis de iniciación cristiana, en realidad, no inicia, sino que, paradójicamente, concluye. Es el fracaso del proceso tradicional de iniciación cristiana.

Crisis del lenguaje y mensaje catequéticos

El lenguaje de la comunicación catequética sigue siendo una cuestión pendiente. Con frecuencia, la catequesis no logra presentar el mensaje cristiano de manera convincente y significativa para nuestros contemporáneos. Desde muchos puntos de vista, hay que reconocer que la catequesis tradicional no es significativa y no comunica. Un documento catequético latinoamericano lo expresa de forma provocadora.

Precariedad en la catequesis con adultos

La catequesis, sobre todo, sigue siendo una catequesis infantil. Desde hace varios años, se insiste en la urgencia de la catequesis de adultos (DGC 59, 275), para favorecer el crecimiento de una fe adulta en una Iglesia adulta.

Insuficiente formación de catequistas y agentes pastorales

Pese a los innegables esfuerzos en el campo de la formación, se debe reconocer que nuestra pastoral acusa una preocupante falta de formación en sus agentes y responsables. El problema adquiere especial gravedad en el caso de los sacerdotes y seminaristas, que por lo general adolecen de una falta crónica de preparación adecuada en el ámbito pastoral en general, y catequético, en especial.