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*P. Orlando Castaño Londoño

Saludos cordiales a los catequistas lectores de Catequizando Hoy. Los retos que la situación actual demandan del catequista le interpelan a profundizar más en su ser, especialmente su espiritualidad, su perfil interior y personal.

“El movimiento del don y de la acogida de la Palabra conduce a una transformación mayor del papel del testigo, del catequista o del pastor, que ya no es el que ‘sabe’, el que ‘enuncia’ desde un plano de autoridad; sino que es el que ha encontrado el camino del don y de la acogida en sí mismo, y acompaña a otros en la búsqueda de ese camino de la Palabra” (Cf. Emilio Alberich S. Catequesis evangelizadora).

Es por ello que el centro de la formación del catequista laico debe ser la dimensión espiritual, su calidad testimonial. Para iniciar a otros, el catequista laico debe apoyarse en una “pedagogía del contagio”, de la inmersión del testimonio personal y comunitario. La formación debe encauzarse como transformación: “A su perfil personal pertenece el testimonio vivo de la fe y la actitud serena de desconfianza en sí mismo y confianza en la acción del Espíritu”.

Rasgos Específicos del perfil interior

Dejarse evangelizar por aquellos que se evangelizan. El catequista nunca está evangelizado plenamente; tampoco es el que lleva el Evangelio a los que están totalmente alejados; el mismo Espíritu está actuando en el evangelizador y el evangelizando.

Atreverse a acoger desde la situación del otro. Se dice a menudo que el catequista debe ser acogedor, por supuesto. El Evangelio llama a ir al otro, a entrar en su situación, creyendo en sus capacidades de acogida.

Plantear la diferencia. Plantear la diferencia entre “creer con” y “creer como”. Una de las tentaciones de los catequistas es la de querer que los destinatarios de la catequesis crean como él. En este caso, su ideal se sitúa como modelo de creencia. Pero entonces, tiene el peligro de imponer su propia manera de vivir la fe.

Ser compañero de camino. Ser compañero implica una calidad de relación interpersonal entre el catequista y los que reciben la catequesis. Recordemos sobre esto la actitud de Jesús: no solo daba enseñanzas dirigidas a la muchedumbre o a los discípulos, sino también diálogos muy personales con la samaritana, el doctor de la ley y el joven rico. De igual modo, el catequista tendría que ser capaz de crear relaciones personales con quienes reciban la catequesis.

 

*De la Diócesis de Líbano-Honda, Colombia.