4 1 Dic

P. Leopoldo Sánchez Pérez

Durante el mes de diciembre en nuestras parroquias hay un gran número de celebraciones de matrimonios, Misas de quince años y otras celebraciones además de diversas expresiones de piedad popular. En las agendas parroquiales no hay mucho espacio para otras actividades que comúnmente llamamos pastorales.

El ritmo de trabajo pastoral parece interrumpirse. Como si la evangelización se tuviera que detener ante esta avalancha de eventos. Pero realmente esto no es así pues hay que recordar que las celebraciones litúrgicas son verdaderas acciones evangelizadoras. La evangelización no se interrumpe sino que se continúa en ellas y con ellas.

Lo mismo podemos decir de la rica variedad de expresiones de piedad popular que vivimos en este tiempo. Sobresalen las devociones guadalupanas como los rosarios, procesiones, altares, novenarios, triduos, etc. hasta culminar con la solemnidad del día doce. Las posadas no se quedan atrás, a pesar de que en muchos lugares vayan perdiendo su verdadero sentido cristiano.

Estas expresiones de piedad popular, junto a otras muchas más, son una verdadera oportunidad para evangelizar. No hay que considerarlas un obstáculo, ni mucho menos una amenaza a una evangelización que deseamos se realice en proceso. Bien planteadas e integradas son verdaderas aliadas.

El Papa Francisco en la exhortación postsinodal Evangelii Gaudium (2013) reconoce en la Piedad popular una verdadera fuerza evangelizadora y valora el gran aporte que ha ofrecido a la fe de nuestro pueblo. Nos dice el Papa:

“En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada.

Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG 126).

Tenemos por lo tanto el gran reto de conocer y comprender a profundidad estas y todas las expresiones de religiosidad popular presentes en nuestras comunidades. No podemos descalificarlas a priori como acciones sincretistas que distraen o contaminan la pureza de la fe. Hay que aprender a verlas como verdaderas oportunidades para evangelizar en nuestros tiempos.

Al respecto nos dice el Papa Francisco: “Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la con naturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres” (EG 125).

La piedad popular, tan rica en estos días del año, es una verdadera fuerza evangelizadora que da impulso a nuestro proyecto evangelizador organizado de manera planificada. Sólo nos queda a nosotros tener la sabiduría pastoral para conocerla a profundidad, purificarla e impulsarla para poderla integrar, de tal manera que ayude a la renovación y revitalización de nuestra pastoral diocesana.

*Vicario Episcopal de Pastoral