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P. Benjamín Osornio Morales, Encargado Diocesano de la DIPAFV

Desde hace años, en la Arquidiócesis –tras analizar la realidad y escuchar a los agentes de pastoral–, la Prioridad número uno es la atención a la familia. Es decir, que todos los esfuerzos y proyectos pastorales en parroquias y a nivel diocesano deben ser en clave de familia y toda acción evangelizadora ha de repercutir directa y prioritariamente en ella. Así pues, la Pastoral Familiar (PF) ocupa un buen espacio en los intereses y esfuerzos de todos: Obispo, párrocos, matrimonios y familias evangelizadas y toda familia consciente de las realidades propias de la célula básica de la sociedad.

Podemos preguntarnos si, después de tantos años, en nuestra parroquia, ¿es notorio el trabajo evangelizador que se realiza con y para la familia?, ¿podremos identificar a los matrimonios, grupos o movimientos que se han ido implementando para realizar actividades a favor de la familia?

Por su parte, los Obispos de Latinoamérica, desde Medellín expresan que la atención a la familia es prioridad. Después, en Puebla, señalaron: “La PF se inserta admirablemente en la pastoral de toda la Iglesia: es evangelizadora, profética, liberadora” (591). Luego en Santo Domingo dicen que tiene que ser una pastoral básica, sentida, real y operante. Y el Episcopado Mexicano señala que la PF es la prioridad básica, pues reconoce que el servicio de los Obispos a la familia es una de sus tareas esenciales… (Dir. Nal. De Past. Fam. Méx. 69).

Por otro lado, la realidad misma de la familia presenta grandes desafíos a la Nueva Evangelización y a la Iglesia, pues “La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura” (FC 1).

Asimismo, si la familia está pasando por momentos difíciles, todos tendríamos que enfocar nuestro interés pastoral para sostenerla y promoverla. Por eso, en el campo como en la ciudad, se ve necesaria y urgente una pastoral integral que como Cristo el Buen Pastor tenga un cuidado amoroso de los hogares. “Corresponde a los cristianos el deber de anunciar con alegría y convicción la ‘buena nueva’ sobre la familia, para que le hagan redescubrir su ser, sus capacidades, y la importancia de su misión en el mundo” (FC No. 86).

El Evangelio de Cristo tiene que transformar y salvar a la familia, pero es necesario que se siga predicando y escuchando al interior de los hogares. Esta será una tarea importantísima que se deberá retomar, que también en las casas, los miembros de la familia, se dispongan a escuchar el Evangelio y dejen que vaya curando sus heridas para que sus sanas relaciones intrafamiliares sean como las venas que transportan sangre limpia que oxigena a todo el cuerpo de la sociedad.

Pero ninguna pastoral va a ser posible realizarse sin su equipo básico; en la pastoral familiar se requieren al menos tres matrimonios que en la parroquia asuman la responsabilidad y la misión de promover y establecer esta pastoral que alcance cada vez a más familias, siempre asesorados y acompañados por el párroco. Tres matrimonios para compartir los retos y no desanimarse. Tres matrimonios para que cada uno se enfoque y se ocupe de cada uno de los departamentos que hay que trabajar y sobre los que se asienta, como en un trípode, la auténtica y verdadera pastoral familiar: Matrimonio, Familia y Vida.

Empieza a hablar bien de la familia, de tu familia… como el Evangelio, la familia es una buena noticia, no es el problema, sino la solución que Dios tiene para nuestros problemas.