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Ahora que vivimos este momento de transición en nuestra Iglesia local de Morelia y en varias comunidades parroquiales, es necesario reflexionar y recordar que nuestro origen es la comunidad de Dios Trinidad compuesta por personas concretas que confesamos la fe de Cristo celebrando los sacramentos. Es natural que los cambios dentro de la Iglesia harán brincar a los más “santos”, cuestionarán a otros, la resistencia aparecerá y el soplo del Espíritu recordará para Quién trabajamos. ¿Cómo entendernos como Iglesia local? Recordemos algunas cosas esenciales.

Dom A. Gréa dice que el Obispo, como cabeza de la Iglesia Local, está en comunión con la Iglesia Universal, los Obispos son fuente y el principio del poder en el gobierno de la Iglesia no es una sección administrativa de la Iglesia Universal, la Iglesia de Cristo se realiza en la Iglesia local, donde están presentes los tesoros de la salvación. El centro de la Iglesia local es el obispo, mas no es la diócesis. En fin, la Iglesia local es clave de lectura para la relación Cristo-colegio episcopal. Vaticano II, en Lumen Gentium, busca el equilibrio entre jerarquía y comunidad en la Iglesia local, en el plan salvífico de Dios entra en la categoría de fin y la jerarquía en la categoría de medio. De cualquier modo, el Vaticano II fue complementación del Vaticano I. Vaticano I fue un Concilio del primado en la Iglesia, el Vaticano II fue el Concilio del Colegio Episcopal; el primero fue centrado en la Iglesia Universal y el segundo buscó más equilibrio con la Iglesia Local.

Así, la Iglesia Local es formada por la porción de bautizados que se sitúan en un lugar determinado, donde tiene su más alta “manifestación” y “participación plena y activa todo el pueblo santo de Dios…” (SC 41). De ese modo, la Iglesia Local no es una parte subordinada de la Iglesia Universal. Es una “porción” del Pueblo de Dios. La Iglesia Local es la Iglesia plena y es a partir de las Iglesias Locales que existe una Iglesia Católica (LG23), entendida en sus realizaciones concretas teniendo su lugar en la comunión eclesial. De esta manera, estamos hablando de la encarnación de la Iglesia Local en un espacio social donde realiza su misión, configurándose en las tradiciones de los pueblos y culturas, evitando ciertos peligros dualistas o monistas.

La fuerza de la Iglesia Local no está en las estructuras, instituciones, doctrinas o planteamientos pastorales. Su fuerza está en la presencia y la acción del Espíritu Santo, que actúa en la pluralidad de la Iglesia Local para enriquecer la comunión. De esta manera, evitaremos caer en parroquialismos o episcopalismos, que son exageraciones de poder en la pastoral.

*(Cf. Worf,Elías, A Teología da Igreja local, revista “Encontros Teologicos”, 48, año 22, num. 3, 2007).