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P. Otoniel Ochoa Nieto, Coordinador del Sedec

¿Qué tal amigos y amigas catequistas? Nos encontramos en plena Cuaresma y las celebraciones de la Semana Santa están llamando a la puerta. Celebrar el Misterio Pascual de Cristo en su doble dimensión: Muerte y Resurrección nos invita a iluminar la experiencia de nuestro ministerio desde esta doble realidad.

En efecto, al contemplar la Muerte de Jesús, que, como el grano de trigo muere para dar fruto (Cf. Jn 12,24), el catequista une a la Cruz del Señor los sufrimientos, pruebas y dificultades (cf. Col 1,24) que el ejercicio de la Catequesis implica, teniendo plena seguridad de que no son en vano pues, unidos a Él, adquieren un verdadero sentido de salvación.

Y entre los principales signos de la Cruz que el catequista encuentra, mencionamos los siguientes:

Incomprensión de la propia familia

Desde la realidad de nuestra Diócesis, aunque que hay catequistas de ambos sexos, la gran mayoría de ellos son mujeres casadas. Para muchas de ellas, servir en el ministerio de la Catequesis significa una prueba enorme la aceptación de su familia, especialmente de sus esposos, a quienes les parece una pérdida de tiempo, un trabajo sin sentido y sin provecho alguno, lo que implica para el catequista una verdadera dificultad generadora de sufrimiento e incomprensión.

Renuncia de momentos de esparcimiento o descanso, tiempo personal y la familia

El ministerio de la Catequesis vivido con seriedad implica una inversión de tiempo que incluye no sólo la sesión de Catequesis. Hay que tener en cuenta el tiempo de preparación de la misma, el tiempo de formación, reuniones, etc. Esto implica renunciar al descanso, esparcimiento y diversión, convivencia y tiempo con la familia.

Incomprensión de los padres del catequizando

En la formación del catequizando, el principal responsable no es el catequista sino los padres de familia. Sin embargo, la gran mayoría considera que es sólo deber del catequista. Por otro lado, al interesar sólo la recepción de los Sacramentos, el tiempo necesario de preparación a muchos les parece demasiado. Ambas realidades generan conflictos entre los padres de familia y el catequista, quien es visto como un obstáculo más que como un aliado.

Estas situaciones, entre otras, son la cruz que el catequista debe cargar a la hora de seguir al Señor. ¿Y al catequista que ha dejado mucho por servir, qué le toca en recompensa?