maxresdefault 2

P. Rigoberto Beltrán Vargas

Para octubre de 2018, el Papa Francisco ha invitado a un nuevo sínodo: los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Su mayor preocupación está en los jóvenes de este tiempo. Le interesa lo que piensen sobre el mundo y la iglesia. Confía en que ellos traen un nuevo modo de ser la iglesia y el mundo, por eso les pide ayuda, que hablen con libertad, que hagan sentir su grito en las comunidades y que sean protagonistas de los cambios.

No se trata de buscar nuevas vocaciones religiosas y sacerdotales; el asunto del Sínodo no es la sobrevivencia de la institución. Con frecuencia olvidamos que la vocación es un llamado de Dios personal y comunitario, a partir de las necesidades del mundo. Son los rostros concretos de hombres y mujeres que sufren y viven en situación de exclusión, discriminación y pobreza, los que reclaman por jóvenes que estén dispuestos a servir y transformar el mundo de diversas maneras a través de variados oficios y profesiones. El Papa Francisco sigue abriendo las ventanas de la Iglesia y esto ha entusiasmado a muchos creando expectativas.

La vocación se discierne a partir de una realidad que interpela y no respecto de un modo de vida particular en institución preexistente. Además el ser humano no discierne caminos de vida en el aire; discierne a la luz de la “Palabra”, pero en contacto con la pobreza, la vulnerabilidad y necesidad suya y de sus hermanos.

Si la iglesia desea acompañar al discernimiento vocacional de los jóvenes, es necesario que se mueva hacia los márgenes de las necesidades del mundo, justo ahí donde ésta ha sido enviada a colaborar con Jesucristo en la defensa de la dignidad del ser humano para hacer del mundo un lugar más justo, fraterno e inclusivo.

Es enseñanza común en la Iglesia que, al igual que los jóvenes, ésta profundiza su vocación en contacto con los dolores y necesidades del mundo, pues ella se entiende en función de la misión de Jesucristo y no en función de sí misma. Si ella deja de estar en medio de las fronteras sociales y culturales del mundo, en la vida de los sufrientes de su tiempo.

En nuestra Diócesis tenemos que ir haciendo nuestra la invitación del Papa Francisco: es significativo que precisamente los jóvenes propongan y practiquen alternativas que muestren cómo el mundo o la Iglesia podrían ser.