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P. José Carlos Tapia Ruiz, Coordinador de OMPE-Morelia

Jesús expresó a los Apóstoles y a nosotros: “Como el Padre me envió, también Yo los envío” (Jn 20,21). Y explica que esta misión es para que el mundo crea (Jn 17,21) y para que, así, los hombres tengan vida en su nombre (Jn 20,30).

La Iglesia Universal, todas la Iglesias particulares o Diócesis, todas las instituciones y asociaciones eclesiales, cada grupo apostólico y cada cristiano en la Iglesia tienen el deber de colaborar para que el mensaje del Señor se difunda y llegue hasta los extremos confines de la tierra (Hch 1, 8), y el Cuerpo Místico llegue a la plenitud de su madurez en Cristo (Ef 4, 13).

La misión es, ante todo, tarea de la Iglesia particular y su Obispo, por ser ella misionera y Pastor por naturaleza. Toda la Iglesia y cada Iglesia son enviadas a las gentes (RMi 62). Ella es sujeto primario de la evangelización, en comunión con la Iglesia universal, sin olvidar la solidaridad y compromiso por los demás. Las Iglesias locales, por consiguiente, han de incluir la animación misionera y una profunda formación misionera como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente los juveniles (RMi 83).

Jesús amó a sus discípulos, los eligió, los formó y los envió como Apóstoles, misioneros suyos (Mt 10). El mismo Jesús, que ayudó a Pedro, a Mateo y a Pablo, es el que quiere formarnos hoy, utilizando la misma pedagogía que utilizó con los Apóstoles. Una pedagogía especial, que hemos de aprovechar en la “Escuela de amor con Jesús”.

¿En qué consiste esta Escuela de Formación?

La “Escuela de amor con Jesús” es un proceso cíclico de cuatro pasos, que nos va configurando como verdaderos discípulos y misioneros de Jesús:

1. Catequesis misionera (“Recibir”): ayuda a que conozcamos la misión de Jesús, la misión de la Iglesia y nuestra propia misión.

2. Espiritualidad Misionera (“Vivir”): Para que lleguemos a tener corazón, sentimientos, actitudes y opciones misioneras.

3. Comunión Misionera (“Compartir”): Como los Apóstoles con Jesús, la Palabra, los Sacramentos, el amor y los demás dones recibidos.

4. Servicio Misionero (“Dar”): Nos capacitamos y nos iniciamos en la realización de nuestra misión local y universal.

La formación misionera tiene una importancia decisiva, pues es la que más ayuda en la maduración misionera nuestra, de los hermanos y de sus comunidades. Las necesidades de la misión y del proceso evangelizador urgen la formación misionera nuestra, de todos los cristianos y comunidades. Para hacer que nuestros fieles y nuestras comunidades lleguen ser misioneros, necesitamos formarnos y formar muchos animadores para la Pastoral misionera.

Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, organicemos para nosotros y para nuestra comunidad y grupos una formación misionera que:

-Sea adecuada, progresiva, sistemática y orgánica.

-Tenga en cuenta el proceso evolutivo psicológico, físico y social de los hermanos.

-Realice una formación en la misión y para la misión. Ayude a formar presbiterio misionero y Comunidades Eclesiales Misioneras.

-Integre orgánicamente esta formación “misionera” dentro de la pastoral diocesana y parroquial.