Padre y hombre

P. Otoniel Ochoa Nieto, Coordinador del Sedec

Estimados amigos catequistas, nos encontramos en la meditación del testimonio de vida como necesario para la evangelización. En el numero anterior meditamos sobre sus 5 rasgos: Cristo es quien nos da testimonio por sobre todo; sólo mediante el Espíritu Santo es posible dar efectivamente testimonio; es un deber de todos los bautizados; el testimonio es el gran culto que damos a Dios; y la necesidad del testimonio en la evangelización.

Para este número nos adentramos en los tres niveles que el testimonio nos implica. Nos referimos a los niveles en cuanto que la vivencia del mismo implica unas capas que se viven en la media que se asume cada vez más.

1. Primer nivel, carácter de memoria. El testimonio es siempre un hecho cognoscitivo en cuanto que transmite un saber o una verdad sobre un determinado tipo de cosas o sobre uno mismo. Tiene la finalidad de dar a conocer lo que ha visto y oído. El catequista en cada sesión transmite las verdades de fe, la realidad de la Iglesia, los Sacramentos, etc. En este nivel, ya se está dando testimonio, pero éste va más allá e implica mayor profundidad.

2. El segundo nivel es el del compromiso. El testimonio no es un simple medio para transmitir información que produce un saber en el interlocutor, sino que también es un hecho moral porque implica el libre compromiso del testigo con su testimonio ante los otros, es decir su palabra implica una congruencia con su manera de vivir para que efectivamente el testimonio sea creíble y digno de confianza. De esta manera, en el caso del catequista, lo que predica lo vive y está en la lucha constante de asumirlo en el día a día de su vida. Si explica la importancia de la Eucaristía en la vida del cristiano, él mismo participa de ella el día del Señor.

3. Un tercer nivel es el de la Confesión. El testigo no sólo se compromete con su testimonio, sino que se adhiere a la causa que lo atestigua, implicándose en ella hasta el punto de poner en juego su propia vida como signo de la radical seriedad con la que proclama la verdad. Se identifican entonces decir y obrar, ser y testimoniar. El testigo da testimonio en libertad con la plenitud de su existencia. En muchas ocasiones, la vida en Cristo y el servicio en la Catequesis presenta pruebas, el catequista asume las burlas, la incomprensión o incluso el mismo rechazo como parte del mismo testimonio.