estereotipos

P. Rigoberto Beltrán Vargas

Un reciente estudio del Instituto Igarapé, un organismo de Brasil dedicado a estudiar las relaciones entre seguridad, justicia y desarrollo, pone los ojos sobre la situación que genera la violencia e inseguridad en América Latina y llama la atención para buscar y encontrar urgentes y saludables soluciones.

Los datos que proporciona el Informe aclaran la magnitud y frecuencia que tienen los distintos delitos que dañan a la actual sociedad y pone en alerta sobre la peligrosa posibilidad de que la violencia permee los procesos electores actuales o próximos en los países de América Latina y el Caribe.

La tendencia, señala el informe, en el campo de la violencia e inseguridad, va al alza y esto preocupa más naturalmente.

La violencia y la consecuente inseguridad es una realidad multidimensional que toca diversos ámbitos de la vida, en los que se debe descubrir los factores que contribuyen a darle vida y sobre los que hay que atenuar sus efectos y atender en su caso a las personas más vulnerables.

En México la globalización ha favorecido la difusión y el fortalecimiento de un modelo de economía que se ha mostrado incapaz de resolver los problemas sociales.

La así llamada “economía moderna” no se interesa por aspectos fundamentales de la vida social, como son el derecho al trabajo, la conservación de los recursos naturales y la preservación del medio ambiente.

No se puede resolver los problemas sociales aplicando la lógica mercantil; por otro lado hay descontento social por los errores en la gestión de las políticas públicas para la superación de la pobreza.

La seguridad de los ciudadanos es tarea del Estado y éste tiene que orientarse a liberar a las personas del miedo a ser agredidas, a ser despojadas de lo necesario para vivir. En una visión no represiva de su tarea, su esfuerzo tendría que orientarse a la satisfacción de necesidades básicas.

El principal responsable es el Estado, pero esto no exime a la sociedad de su responsabilidad que debe ser asumida por ambos.