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P. Juan Manuel Quiroz Armenta, Vicario Episcopal de Pastoral

Los sacerdotes, como colaboradores de los Obispos, han recibido la misma misión de Jesús, el gran pastor de las ovejas: a ellos les es encomendada hoy la misión de animar la nueva evangelización de esta humanidad. Así podemos afirmar que la Formación Permanente ayuda a mantener al sacerdote en esta dimensión pastoral, o lo que llamamos tensión misionera.

En el organigrama de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, está presente la Comisión Diocesana de Pastoral de Pastores, y dentro de ella se encuentra la Dimensión Diocesana de Formación Permanente del Clero, cuyas líneas de acción marcan el acompañamiento a los sacerdotes.

El Objetivo de esta tarea pastoral es formar, consolidar y renovar la identidad del presbítero diocesano hasta configurarse con el ser y quehacer de Cristo cabeza, pastor, siervo y esposo, para que santifique, evangelice y sirva a la comunidad eclesial como signo vivo de la misericordia de Dios y constructor de su Reino.

Para cumplir este objetivo, esta Dimensión nos ofrece, en uno de sus criterios de acción, la eficacia de un proyecto de formación inicial y permanente para el sacerdote. Es ahí donde se incrusta la realización y efectividad de un Curso Integral de Formación para cada una de las generaciones sacerdotales, clasificados en: Etapa Inicial del Ministerio, Etapa de Mediana Vida Ministerial, Etapa de Cumbre Ministerial, Etapa de Sabiduría. Y las áreas sacerdotales a trabajar son: Humana, Espiritual, Intelectual y Pastoral.

En esta semana se ha llevado a cabo este Curso de Formación Integral con los sacerdotes a través de una “Jornada de Renovación Sacerdotal” con duración de una semana. Se tuvo asistencia de los sacerdotes de la etapa de vida que hemos llamado Cumbre Ministerial, se realizó en la Casa “San Benito” del 21 al 26 de mayo de este año en la ciudad de Morelia.

Don Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Morelia, ha expresado que es su deseo que se profundice e interiorice toda la actividad formativa para los sacerdotes, sea a nivel de Foranía, Zona o Diócesis, para que haya una apropiación personal y realmente toque las fibras más hondas del presbítero, ya que la conversión personal no puede quedar al margen del ejercicio ministerial y, por lo mismo, cada sacerdote ha de retomar su proyecto de vida personal como discípulo de Jesucristo.

Y que, además de la conversión personal, la Formación Permanente ha de promover la conversión pastoral en toda la Arquidiócesis porque el Plan Diocesano de Pastoral está promoviendo líneas y compromisos fuertes a corto y largo plazo que nos involucran a todos para que pueda hacerse eficaz, provocando así, la aplicación y aterrizaje pastoral de todo lo que trabaja y extiende la Formación Permanente del Clero.

Por lo tanto, basta decir que la atención y ayuda al crecimiento y maduración integral de los presbíteros es calificada por el Papa Juan Pablo II como una tarea de máxima importancia para el futuro de la Iglesia, la evangelización y la acción pastoral.