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P. Otoniel Ochoa Nieto, Coordinador del Sedec

El año escolar ha terminado y en las parroquias y comunidades se celebrarán las Misas de Primera Comunión y Confirmación. Éstas son principalmente una responsabilidad del los sacerdotes, pero los catequistas tienen una gran incidencia en su organización.

La celebraciones de estos dos Sacramentos es el complemento de todo un proceso de catequesis integral y juntos conforman la Iniciación Cristiana en su dimensión litúrgica y catequética. Deben ser una verdadera experiencia espiritual y mistagógica, un encuentro con el Señor que se hace presente en su Palabra, en los signos de la celebración y en su presencia eucarística. Es por ello que el equipo de catequistas debe tomar en cuanta algunos aspectos.

Hay que suscitar un primer encuentro con el sacerdote que va a celebrar, párroco o vicario de la comunidad eclesial, para hacerle saber cuántos niños recibirán el Sacramento y preguntarle algún pormenor de la celebración.

Tener uno o varios ensayos con los catequizandos que recibirán un Sacramento y sus padrinos, especialmente de los momentos en los que tendrán mayor participación. Si son pocos, podría pensarse en una procesión de entrada, ubicarlos en un lugar especifico junto a sus padrinos, indicar en qué momento encenderían su vela, el momento en que recibirán la Comunión o la Confirmación, según corresponda.

En cuanto la participación de los niños en algunos otros momentos de la celebración, como el Ofertorio y la Oración Universal, es conveniente también hacer la selección con tiempo e incluirla en el ensayo.

No es conveniente que los chicos que reciben un Sacramento participen en las Lecturas, porque la Palabra está dirigida a ellos; pueden hacerlo los catequistas, los padres de familia, incluso los padrinos o algún otro miembro de la comunidad.

Es conveniente disponer el templo parroquial con motivos eucarísticos, si es una Primera Comunión, y con signos del Espíritu Santo si es una Confirmación.

Felicito a todos los catequistas en este fin de cursos. Que Nuestro Señor, quien siempre cumple sus promesas, les recompense su generosidad y entrega.