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P. Alejandro Barajas Ríos, Responsable diocesano de la Dimensión de Educación y Cultura

Desde hace años, nuestra Dimensión ha impartido talleres de Escuela para Padres. La importancia que hoy la Iglesia da a la formación de formadores no es nueva, pero ahora es un imperativo que no podemos evadir.

Los protagonistas de la formación de los niños son indiscutiblemente los padres de familia. La familia, “núcleo natural y fundamental de la sociedad” (Declaración Universal de los Derechos humanos, 1947), vive en el presente los embates de la llamada emergencia educativa. Como afirmó el Papa Benedicto XVI: “educar jamás ha sido fácil, y hoy parece cada vez más difícil”. Este desafío lo hemos de afrontar con esperanza, buscando caminos de diálogo y encuentro con las nuevas generaciones. Hoy “es necesario que la familia redescubra su identidad y misión a partir del matrimonio según el plan de Dios, así como que se percate de su importantísimo papel como comunidad educativa. Los padres de familia, y no la escuela ni el Estado, son los primeros responsables de la educación de sus hijos” (cf. Educar para una nueva sociedad, núm. 15).

Con el afán de contribuir a la labor educativa del hogar, la Dimensión sigue ofreciendo espacios de formación para los padres de familia, que los ayuden a desarrollar todo su potencial humano, desde una visión integral de la persona, y alcanzar así la vocación que Dios los llama a vivir. La oportunidad de transformar nuestra sociedad desde el núcleo familiar requiere de nosotros una sincera toma de conciencia y asumir con responsabilidad nuestra identidad de sal de la tierra y luz del mundo. Todos sabemos cómo la “la educación familiar tiene una repercusión decisiva en la manera como los hijos se comportan y se desenvuelven posteriormente en la sociedad” (Cf. Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, núm. 196).

Por ello, educar es más que transmitir conocimientos. Es el proceso de abrir a una totalidad, a la realidad plena que nos circunda. “Educar es formar a las nuevas generaciones para que sepan entrar en relación con el mundo, apoyadas en una memoria significativa que no es sólo ocasional, sino que se incrementa con el lenguaje de Dios que encontramos en la naturaleza y en la Revelación, con un patrimonio interior compartido, con la verdadera sabiduría que, a la vez que reconoce el fin trascendente de la vida, orienta el pensamiento, los afectos y el juicio” (Benedicto XVI, 27 de mayo, 2010).

Dentro de esta realidad, el pasado 7 de julio, después de un camino de más de 30 años, la Escuela para Padres tuvo su Primer Encuentro Intergeneracional. Entre experiencias y temas, los asistentes pudieron renovar su compromiso por vivir integralmente y transmitir esa vida plena a los demás. Si bien algunos ya no son padres sino abuelos, a todos alcanza la tarea educativa: que los hogares sigan siendo una escuela de humanismo solidario, abierto a la trascendencia y comprometido con el porvenir de todos.

Como Dimensión, los seguimos invitando a participar en estos espacios de formación al servicio de los hogares, escuelas y sociedad.