04 1P. Juan Manuel Quiroz Armenta, Vicario Episcopal de Pastoral

Reunirse en grupo es una tendencia particular de los laicos desde el impulso y reconocimiento que dio a los seglares el Concilio Vaticano II. Este modo de ser grupo se ha potenciado de manera extraordinaria tal vez hasta sin pretenderlo.

También ha sido notorio la vida de conversión que han tenido muchos hermanos nuestros a través de estos movimientos y grupos parroquiales que evangelizan desde su propia etapa de vida y su particular circunstancia, transmitiendo el anuncio de la Palabra a través de sus testimonios personales. Los miembros de estos movimientos son personas que sintiéndose llamados a actualizar el evangelio, pretenden vivir y ofrecer un talante concreto de vida evangélica.

Sin embargo, una de las preocupaciones pastorales en la parroquia es lograr que los grupos y movimientos parroquiales experimenten un verdadero sentido de pertenencia e identificación plena a la comunidad parroquial, pues es sabido que en el caminar pastoral parroquial y diocesano, podemos encontrar algunas imperfecciones que pueden encerrar división o cierto distanciamiento de la parroquia de parte de estas agrupaciones.

Por ello, veo necesario recordar y renovar una MAXIMA: estas agrupaciones y asociaciones están ubicadas en un espacio determinado. Ubicación que toma un sentido temporal en la acción pastoral evangelizadora que han de realizar a través de las áreas y tareas pastorales que nos marca nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Incluso este espacio es designado por el código de derecho canónico así: La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio (CIC can. 515, 1).

En esta definición se evidencia la comunidad, y también el elemento territorial, que, si bien es importante, está considerado en un segundo lugar. La tarea del párroco se define como el cuidado pastoral de la comunidad.

Se pone en evidencia la comunidad eclesial con las diócesis y con la Iglesia Universal, realizada concretamente en la comunión parroquial.

“El Papa Francisco exhorta a todos los fieles a involucrarse en la construcción de la unidad de la Iglesia recordándonos que los laicos comprometidos se dejan guiar por el Espíritu Santo para que en la humildad y cimentados en la piedra angular; Cristo Jesús, construyamos templos fuertes y templos vivos y no templos de soberbia como la torre de Babel”

Hagamos de nuestro entorno parroquial una gran espiral de fraternidad y un espacio comunitario donde cada movimiento y grupo nos sintamos pertenecidos y comprometidos a colaborar en toda la acción parroquial, para que así vayamos logrando la construcción del reino de Dios y que el Espíritu Santo sea nuestro guía en cada proceder de nuestras actividades grupales y dentro de nuestras comunidades parroquiales.

En las siguientes entregas nos dedicaremos a reflexionar y compartir algunas características de los grupos, movimientos y asociaciones laicales, además de tener en cuenta algunos rasgos para la animación de los mismos. Siempre con la firme y única intención de hacer un comparativo o incluso un entendido de cómo lograr la unidad e identidad de estas agrupaciones en la parroquia.