P. Leopoldo Sánchez Pérez*

 

Del lunes 25 al miércoles 27 de septiembre se realizó el Encuentro anual de los Vicarios Foráneos de la Provincia Eclesiástica de Morelia. El lugar en el que se desarrolló este encuentro fue en la Casa “San Luis”, en la ciudad de Morelia.

Entre los señores Obispos, los Vicarios Episcopales territoriales de Morelia y los Vicarios Foráneos de las cinco Diócesis sumamos un total de 68 participantes. De Apatzingán hubo 5, de Ciudad Lázaro Cárdenas 5, de Tacámbaro 9, de Zamora 11 y de Morelia 38 personas.

Los objetivos del Encuentro de este año fueron tres. El primero fue presentar con claridad el ser y quehacer de un observatorio pastoral y su utilidad en la labor evangelizadora de la Iglesia. El P. Juan Pablo Vargas de Morelia tuvo a su cargo el desarrollo de este tema y la coordinación de un trabajo en equipos que se realizó posteriormente.

El segundo objetivo fue retomar el tema transversal de la familia para clarificar su papel como educadora y formadora de valores humanos. Mons. Gerardo Díaz Vázquez, Obispo de Tacámbaro, tuvo a su cargo el planteamiento de esta cuestión haciéndose una profundización en grupos heterogéneos.

El tercer objetivo del Encuentro consistió en profundizar el eje transversal de la paz para poder establecer proyectos sobre todo de atención a víctimas de las violencias. El P. Ignacio Gil del Presbiterio de Zamora nos facilitó esta reflexión comentando desde un contexto nacional las alternativas desarrolladas hasta este momento.

Es importante enfatizar que el hilo transversal de estos tres temas fue la formación permanente del presbítero. Se hizo un serio esfuerzo de ver en estas tres cuestiones tres valiosas oportunidades que tienen los sacerdotes de la Provincia Eclesiástica para avanzar más en su formación permanente.

Descubrimos que el observatorio pastoral puede ayudar eficazmente a los sacerdotes a vivir su vocación de atentos pastores. La realidad personal, junto con la realidad socioeclesial deben estar claramente identificadas en las conciencias y expresadas en los proyectos evangelizadores de los que han consagrado su vida al Señor en el ministerio presbiteral.

Reflexionamos que la realidad familiar no es ajena a ningún sacerdote. Su misma vida y ministerio está marcado por una experiencia familiar y su ministerio está llamado a consolidar esta célula de la sociedad y la Iglesia. Un sacerdote no es un ser solitario, es alguien que construye la familia de Dios enriqueciendo y fortaleciendo las familias que lo rodean.

Concluimos también que para que el sacerdote sea un constructor eficaz de paz, alguien comprometido en la reconstrucción del tejido social, debe tener él mismo una experiencia de paz interior, de reconciliación con sus situaciones difíciles y de autoperdón y perdón a los demás. Sólo siendo un hombre de paz podrá servir a la paz.

 

* Vicario Episcopal de Pastoral.