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P. Rigoberto Beltrán Vargas

“La situación de inseguridad y violencia que vive México exige una respuesta urgente e inaplazable de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esta respuesta parte del reconocimiento de las insuficiencias en el cumplimiento de nuestra misión, pues la crisis de inseguridad, el alto índice de corrupción, la apatía de los ciudadanos para construir el bien común y las distintas formas de una violencia que llega a ser homicida son diametralmente opuestas a la propuesta de Vida Nueva que nos hace el Señor Jesús”, son palabras del obispo Carlos Garfías en la Semana Diocesana por la Paz 2015.

La pastoral es acción o conjunto de acciones encaminadas a responder de manera efectiva y eficaz a una realidad concreta con las personas adecuadas desde la perspectiva de la liberación, de cambio. Para esto debe contar con un coordinador y su equipo de apoyo cuyo número debe ser suficiente en cantidad y preparación para obtener avances programados en tiempos bien definidos. Los recursos deben ser variados, abarcando todos los aspectos. Tratándose de un proyecto pastoral, es indispensable el recurso espiritual porque el proyecto no sólo es humano sino desde la fe.

Éstos son sólo algunos elementos que hay que tener en cuenta para un proceso pastoral y nos sirven para introducirnos, para acercarnos al trabajo pastoral y los recursos que Mons. Carlos Garfias tomó en cuenta en su labor pastoral en la Arquidiócesis de Acapulco.

Así pensó: “En nuestra diócesis de Acapulco estamos impulsando como respuesta humanitaria, amorosa y, desde la fe, pero abierta a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, ante la emergencia de inseguridad y violencia, una pastoral que tiene como eje transversal la construcción de la paz.”

En el trabajo pastoral que realizó D. Carlos hubo una conciencia clara de la situación, de lo que ésta iba a exigir y sus consecuencias; así decidió orientar su actividad: “para acompañar a las víctimas de la violencia de una manera integral, es decir, cuando las personas y las familias son golpeadas por algunas de las formas de violencia más agresivas y se encuentran en una situación de indefensión y alta vulnerabilidad, que puede derivar hasta en una situación de terror y de encerramiento, nosotros les ofrecemos nuestra escucha y el acompañamiento espiritual, psicosocial, pastoral y, cuando se puede, jurídico.”

Estas reflexiones son deseos que deben concretizarse en programas. Y así propuso trabajar con Centros de Atención y Escucha a las Víctimas de la Violencia; Comunidades de Autoayuda a las Mujeres; Escuelas de Perdón y Reconciliación; Centros de Jóvenes con Enfoque de Paz; Familias Fuertes; Colectivo Guerrero es Primero; Red Acapulco por la Paz; Catequesis Generadora de Comunidades Pacificas; Niñas y Adolescentes Sembradores de Paz. Observatorio de Pastoral de la Realidad Social… Y muchas más que reflejan cómo el Señor elige a los débiles e indefensos para mostrar el poder del Salvador”.

Ahora Mons. Garfias llega a una Arquidiócesis en cuya historia se manifiestan altibajos en su trabajo pastoral, pero sin duda momentos donde el testimonio de obispos, sacerdotes, religiosas y laicos ha sido de un evidente compromiso social.

El Evangelio es para proyectarse en la realidad y transformarla en una vida de mayor fraternidad, donde la justicia sea un elemento sustancial para la convivencia humana y desde luego la solidaridad y la caridad sean el testimonio de un verdadero encuentro con Jesús que lleve a un cambio personal y social.