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Continuando en la reflexión de la naturaleza de la IC, nos adentramos en el espacio en donde acontece, la comunidad cristiana. Tomando en cuenta que nadie inicia a otro por cuenta propia, es la comunidad cristiana el referente de la IC. Iniciar a alguien es acompañarle e instruirle para que pueda adherirse de forma libre y consciente a un determinado grupo humano. Lógicamente, quien inicia debe pertenecer a dicho grupo, para poder hablar y actuar en su nombre. Su palabra va transmitiendo también los conocimientos necesarios para ir identificándose con el grupo. Su testimonio va mostrando al iniciando como viven y actúan quienes ya pertenecen a él. De ahí que la pertenencia al grupo debe estar muy clara y viva para quien va a iniciar a otro. Estas condiciones deben darse también en el curso de la transmisión de la fe.

En el caso de los niños, los padres de familia pueden iniciar a sus hijos a partir de su fe personal vivida en su presencia a la comunidad cristiana. Por el Sacramento del Matrimonio han recibido la misión de educar cristianamente a sus hijos y la gracia para llevarlo a cabo; la Iglesia les acompaña y ayuda en esta tarea. Al haberlos presentado al bautismo se han comprometido a procurarles dicha iniciación y además la propia fe de los padres va siendo alimentada por su pertenencia viva a la comunidad, por su participación a la Eucaristía dominical, por la oración y la escucha de la Palabra de Dios. Este conjunto de actitudes va haciendo posible que los hijos “perciban” en sus padres una forma de ser y de actuar que ellos también comienzan a imitar a su nivel de edad y comprensión. Es importante que los niños puedan relacionar la forma de ser y actuar de sus padres con el hecho de “ir a la Iglesia”.

Pero además inician en la fe los catequistas, en donde se manifiesta más claramente esta relación con la comunidad cristiana, pues ellos son llamados y enviados por Dios a través de ella. Es la que apoya toda acción catequética con su oración, la que se dispone a ir acogiendo en su seno a quienes van integrándose a partir de sus procesos iniciatorios. Es la comunidad el ámbito donde los cristianos celebran su fe, por eso la insistencia a quienes se inician en la fe de participar de la comunidad cristiana especialmente en la Eucaristía dominical.