improvi

Después de la introducción a estas carencias en el artículo anterior, hoy vamos a ver la primera de ellas. Lo haremos en primer lugar citando textualmente al P. Francisco Merlos (Teología contemporánea del ministerio pastoral, 2012) para en un segundo momento hacer una reflexión aplicada a nuestra realidad diocesana.

La improvisación

“Se manifiesta en la actitud y en la práctica del que se guía por los puros criterios de la intuición, de la espontaneidad, de las corazonadas o de las ocurrencias. Hay una total ausencia de análisis, de reflexión seria y de organización elemental, que permitan hacer una Pastoral entendida como un proceso continuo y no sólo como un conjunto de sucesos ocasionales y desconectados entre sí. ¿Cómo pasar de una Pastoral improvisada a una Pastoral planificada?” (P. Francisco Merlos).

Improvisar no siempre es incorrecto. En algunos casos nos saca de situaciones difíciles y no previstas. Implica un ejercicio mental de búsqueda y creatividad que encuentra soluciones ante eventualidades que pueden impedir la consecución de un objetivo. De algún modo podemos decir que improvisar es una cualidad.

La improvisación no parece ser ya muy correcta cuando se torna una actitud ante la vida. Cuando se descarta de entrada toda organización previa y todo ejercicio de reflexión para hacer la cosas bien y con buenos resultados. Cuando se piensa que organizar, planear, es pérdida de tiempo y se expresa con cierto engreimiento que “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Esta improvisación negativa ya vivida en la pastoral puede tener varias raíces. Una de ellas es un sentimiento de autosuficiencia y quizá de sobrevaloración de nuestras capacidades. Pensar que todo lo que hacemos de manera espontánea nos va a salir bien, que se obtendrán buenos resultados.

Otra raíz de nuestra improvisación pastoral es la mediocridad con la que dejamos que se contamine nuestra acción evangelizadora. Las frases del “ai’ se va”, “peor estaba”, “antes digan” nos impiden pensar en hacer las cosas mejor y con mayor eficacia. Mientras no nos libremos de esta ‘dulce’ mediocridad, no seremos capaces de tener una pastoral creativa y misionera.

La improvisación está mezclada frecuentemente con la pereza, sobre todo la pereza mental. Nos cuesta mucho trabajo pensar las cosas: no leemos, no dedicamos tiempo a la reflexión porque vivimos en una pereza intelectual. A ésta hay que añadir la pereza física, que nos bloquea para ir más allá, para dar un paso más, para agregar un plus.

En nuestra diócesis, la improvisación unida a la mediocridad y pereza sobre todo mental han constituido un contrapeso a una pastoral planificada. No se trata de nulificar la capacidad de improvisar, sino de abandonarla como actitud para convertirla en una aliada cuando tengamos contratiempos en lo que previamente, con inteligencia y audacia, planificamos para asegurar más y mejores frutos en lo que de nosotros depende.

* Vicario Episcopal de Pastoral.

 

P. Leopoldo Sánchez Pérez*