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En el marco celebrativo del aniversario de Ordenación Episcopal de nuestro Sr. Arzobispo Carlos Garfias y de nuestro Obispo Auxiliar Carlos Súarez, junto con la Imposición del Palio Arzobispal también se dio el “banderazo” oficial para iniciar nuestro Proceso Diocesano de Renovación y Revitalización Pastoral 2017-2026.

Entre estos tres acontecimientos, el que pudo pasar más desapercibido es esta apertura del Proceso. Es el menos vistoso, sin embargo es de mucha trascendencia para la vida de nuestra Iglesia diocesana, para nuestro futuro. Claro está, sin quitar importancia al servicio episcopal que prestan nuestros pastores a todos nosotros.

Cuando se habla de un proceso de diez años, constatamos frecuentemente un gesto de incredulidad o desconfianza en algunos. Entre otras razones que han sido expresadas está el que la realidad es rápidamente cambiante, que no podemos hacer proyectos para un tiempo tan largo. Que para ese tiempo quién estará vivo o  que puede convertirse en una camisa de fuerza pastoral.

Ante esto hay que recordar que una de nuestras debilidades como nación, y que se puede aplicar también a la Iglesia, es manejarse siempre por programas a corto plazo y no por proyectos a mediano y largo plazo. Cuando se hacen programas a corto plazo, sin un horizonte más amplio, es más difícil ir incidiendo en la realidad, pues la respuesta a urgencias se lleva todo el tiempo y los recursos.

Un proyecto a diez años tampoco impide ir afrontando la realidad concreta como se va presentando. El proyecto nos ofrece líneas generales de acción que tendrán que irse combinando con una permanente actitud de lectura de los signos de los tiempos que se irán manifestando en la historia.

Nuestro proyecto queremos que sea un referente permanente y al mismo tiempo sea moldeable para ir respondiendo a situaciones de emergencia. Se trata entonces de combinar una ruta elegida con una apertura a las situaciones nuevas que vaya presentando la vida.

Un mecanismo que nos ayudará para tener un horizonte a mediano plazo, pero con una capacidad de revisión y adecuación, es el que viviremos todo el Proceso por etapas. Podríamos decir que el marco referencial será el Proyecto y las Etapas harán el trabajo de hacer dialogar estas opciones diocesanas con la vida del pueblo.

Serán etapas de dos años cada una. Un tiempo suficiente para ir implementando iniciativas acordes con el espíritu del Proceso al mismo tiempo de ir afrontando las situaciones que se vayan presentando. Una buena programación con la disponibilidad de ejecutarla será el alma de todo este proyecto.

El III Plan Diocesano de Pastoral, revisado y actualizado (2017-2026) será el registro de todo este proyecto. Su presentación oficial y simbólica el lunes 24 de julio ha sido un gesto con el que se hizo visible la ruta evangelizadora que con el soplo del Espíritu deseamos caminar.

Nuestro Plan es continuidad y es actualización. Continuidad con lo que hemos vivido, trabajado y construido juntos. Actualización porque es apertura a la novedad del Espíritu, a la historia de salvación en el hoy y aquí. Será nuestra brújula, nuestro norte y faro que deseamos esté cimentado siempre sobre la roca firme de Jesucristo nuestra paz.

P. Leopoldo Sánchez Pérez