mision

En todas las épocas de la historia, Dios ha hablado a los hombres, nunca ha dejado de hacerlo. Recordemos que en un principio lo hacía frente a frente, pero después sucedió el pecado del hombre. Dios siguió hablando a los hombres en los acontecimientos y por medio de los profetas (Heb 1, 1-2 )

Después, Dios envía a su Hijo al mundo para que trasmita su mensaje de amor (Jn 3,16). Jesús toma una profunda conciencia de para qué ha venido al mundo. Y a lo largo de su vida se identifica enteramente con esa misión. “Estoy aquí para hacer tu voluntad” (Hb 10, 7-9).

La voluntad de Dios es recuperar la relación con los hombres, rota por el pecado. Jesús asume este compromiso que lo lleva incluso al martirio, a la entrega de la propia vida en rescate por todos. Se convierte en el Siervo de Yahvé, aquel sobre el que recaen los pecados de los demás, su muerte salvífica es Universal.

Jesús anuncia la salvación, ese gran Don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno. Dentro de la alegría de conocer a Dios y ser conocido por Él (Evangelii Nuntiandi, núms. 8.9).

Jesucristo, primer misionero por excelencia porque realiza con fidelidad el encargo recibido del Padre. Es el único Mediador Universal también para quienes no profesan la fe en Él como Salvador porque la salvación llega a través de Él como Gracia, mediante la comunicación del Espíritu Santo.

El Resucitado es a su vez fuente de la misión de su Iglesia, a la cual envía a transmitir el mensaje de salvación y testimonio y a quien garantiza su presencia –por el Espíritu– hasta el cumplimiento de la misión.

* Colaboración a cargo de OMPE-Morelia.