“Que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste” (Jn 17,21)

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P. Arturo Cisneros Vázquez

Existen personas que consideran la convivencia social como pérdida de tiempo y creen que sólo el trabajo logra grandes objetivos. Sin embargo, quienes gustan de compartir la vida en la fiesta-convivencia saben que, junto al trabajo responsable, es necesario celebrar festivamente la vida como experiencia de encuentro con las personas. Además, saben que aquellos objetivos que pretenden se facilitan y alcanzan mejores resultados en un ambiente amigable. Lamentablemente existen muchos ejemplos contrarios en familias, empresas e instituciones que se obsesionan con el trabajo, el dinero y los resultados hasta colapsar, perdiendo de vista sus principales finalidades.

En el contexto sacerdotal también podemos olvidar este aspecto humano de la convivencia cuando nos sentimos rebasados por tantos desafíos pastorales y por el hambre que la gente tiene de Dios. Pero no podemos olvidar nuestra identidad profunda: somos hombres de “relación” para poder forjar la “comunión”. Ciertamente la relación fundamental es con Jesucristo, Buen Pastor, en la intimidad de la oración. Esta “relación” con Jesucristo la celebramos en la Eucaristía hasta traducirse en alimento para la “comunión”; es decir, la relación que engendra la comunión es inherente a la identidad sacerdotal, puesto que el presbítero está esencialmente orientado a la Eucaristía y en ella encuentra la fuente y el culmen de su ministerio.

Una forma concreta de realizar la comunión para un sacerdote es la “fraternidad” con los demás sacerdotes. No podría entenderse un presbítero aislado de los demás sacerdotes y mucho menos, un sacerdote conflictuado de forma sistemática con otros sacerdotes. Más aún, no se justificaría la ausencia del sacerdote de aquellos momentos en que se comparte la vida con sus hermanos sacerdotes por razones “pastorales” porque la unidad-amistad entre nosotros es uno de los signos más fuertes para evangelizar nuestras comunidades. Y, de hecho, el pueblo comprende y goza que su sacerdote tenga amigos sacerdotes, que esté con ellos y aun salga a pasarla bien con ellos. El efecto es sorprendente porque el presbítero se convierte en sacramento de comunión para los esposos, para las familias, para los grupos pastorales, para su parroquia y para esta sociedad tan desgarrada por la violencia y por la inseguridad.

Agradecemos la actitud en nuestro presbiterio de Morelia porque, en general, ha sabido crear un ambiente donde se respira alegría, amistad, cordialidad, respeto y solidaridad. Es verdad que la comunión entre nosotros tiene camino por andar y animamos todas aquellas propuestas personales, entre las generaciones o institucionales que impulsan la fraternidad sacerdotal.

Aprovechamos este espacio para recordar a los sacerdotes jóvenes que tienen su Convivencia el lunes 23 de noviembre en Huandacareo, Mich. Comenzaremos a las 10:30 a.m. en el templo parroquial y de ahí pasaremos al balneario Vista Bella, donde habrá deporte, sana diversión, sorpresas y comida.