Reflexionando sobre la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco, y estando por terminar el Año de la Vida Consagrada, he pensado que sería bueno que como consagrados confrontáramos nuestra vida con las enseñanzas que el Papa nos da para ser nosotros los primeros en dar testimonio de amor a la naturaleza y a los hermanos.

“Las convicciones de la fe –dice el Papa- ofrecen a los cristianos”, y aún más a los consagrados, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles”. Estas palabras deben hacernos pensar cómo es nuestro amor y respeto por lo que Dios como Padre ha creado, y cómo es nuestro amor a los hermanos que comparten con nosotros la misión a la que Él nos ha llamado.

De Santa Catalina de Siena se dice que cuanto más amaba la naturaleza como don de Dios, más amaba a los hermanos, y podía ver y conocer el interior de las almas; lo mismo dice el Papa de San Francisco de Asís, por eso nuestro papel como discípulos-misioneros de Jesús debe enseñar con el testimonio y con la palabra que amamos y tratamos con amor todo ser que nos fue dado como don, y aún más, a nuestros hermanos con los que convivimos día a día en nuestras comunidades.

“El ideal de armonía, justicia, fraternidad y paz que propone Jesús… [así lo expresaba con respecto a los poderes de su tiempo…] Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea entre vosotros, sino que el que quiera ser grande sea el servidor” (Mt 20,25-26), El Papa nos lleva a reflexionar si estas palabras de Jesús las hemos hecho vida.

Para lograr la armonía en todas las cosas debemos mirar con amor y respeto a cada ser creado, y sobre todo a nuestros hermanos y hermanas, y admirar en cada uno los dones que Dios a puesto en ellos para completar los nuestros, y como cada don de Dios es perfecto, dar juntos gloria al Padre Creador.

El papa Francisco nos dice que “Jesús asume la fe bíblica en el Dios Creador y destaca un dato fundamental: Dios es Padre (Mt 11,25)”. Si Dios es Padre, quiere que vivamos en armonía con todos, desde la armonía con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, al que a veces no lo cuidamos como debiéramos; con el tiempo que debemos aprovechar, dejando espacios para el descanso y la oportunidad de admirar la naturaleza, y con los hermanos, donando con generosidad los regalos de inteligencia y gracia que Dios nos ha dado. Eso es estar en armonía, en paz, en la alegría de sabernos hijos de un Padre que es todo amor.

Queridos hermanos, los invito a leer y meditar esta Encíclica, que nos hará aprender a gozar lo que es el amor de un Padre Creador y de todo lo creado y, al mismo tiempo, sabremos cómo presentarlo en nuestra misión evangelizadora.

Hna. Pilar Llera, FMA