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La confianza es fruto de la fe, y en la misión tiene una gran importancia para una vida auténtica, abierta, gozosa y plena de Dios, es un hacer del corazón.

Este hacer del corazón se irradia y se convierte en un hacer de la misión, el cual San Mateo narra en un discurso que recoge las instrucciones de Jesús a propósito de la misión (Mt 10)

Esta misión nace de la compasión de Jesús, y es la raíz de la misión de los discípulos, tal como dice el versículo: “Viendo a la multitud, se conmovió, porque andaban abatidos, como ovejas sin pastor” (Mt 9,36)

El mismo Jesús pastorea a sus discípulos porque le interesa instruirlos en el quehacer de Él mismo, ya que en el futuro deberán llevar adelante la misión que el Padre le ha encomendado.

La misión requiere suma gratuidad, es decir, debe estar llena de confianza en Dios, que cuida de cada uno de nosotros y nos ayuda constantemente con su amor.

Confianza que proviene de la fe en la Providencia Divina; confianza en que aunque haya sufrimientos y persecuciones, Él está siempre con nosotros; aunque no seamos bien vistos, entendidos, o se piense que lo que predicamos son necedades, sabemos que Él nunca nos deja.

Nos reconoceremos en esta enseñanza y en este modo de hacer de Jesús porque éste tiene un fruto concreto, que es la paz, una paz que se desarrolla en un medio de contrastes y sufrimientos porque: “Os envío como ovejas en medio de lobos” (Mt 10,16). Lo importante es ser oveja y llevar paz, en la misión rechazada, brilla el hacer del discípulo como una luz.

La enseñanza evangélica es sencilla y transparente. El ánimo del discípulo reposa sereno sobre el alto valor que su vida entera tiene. La meta de toda esta bellísima tarea es ser como Jesús.

Por tanto, no dejar de confiar fuertemente en el Señor es lo que hace que nuestra misión tenga fuerza, pues significa la fuerza de la fe, y ella nos dará la alegría de llevar la esperanza a este mundo que busca con ansia a un Dios que lo ama y lo espera para acogerlo, perdonarlo, y salvarlo.

Por eso el hacer del corazón, el hacer de la misión y el hacer del discernimiento, nos invitan a comprender el misterio del Reino, distinguiéndolo de las falsificaciones con su insistente fórmula: “El Reino de los Cielos es semejante a…” Discernir no es simplemente agudizar el ingenio, sino aceptar la mente e Dios, su inteligencia, el corazón del Padre que Jesús nos da a conocer, y distinguir lo que es el Reino de Dios y confiar plenamente en Él y en su Palabra. Esta es nuestra misión en la Iglesia, como consagrados y consagradas.

Hagamos nuestra la invitación de Jesús que quiere que confiemos en su Padre.

Hna. Pilar Llera, FMA