13 2

La práctica de las virtudes es algo fundamental para poder ser santos, en el seguimiento de Cristo es importante la imitación del Maestro, con su pobreza, castidad y total obediencia al Padre.

El practicar las virtudes nos da la oportunidad, como dice Santa Teresa, de encarnar los valores que configuraron la vida de Cristo como un regalo.

Todo consagrado, sea sacerdote como religiosa o religioso, debe tener en cuenta que la santidad es la voluntad del Padre pues Jesús nos dice que seamos perfectos como el Padre que está en los Cielos, y para ello debemos acostumbrarnos a vivir cuidando mucho la pureza, la piedad, la caridad, la obediencia, la pobreza.

Estas virtudes o valores evangélicos Santa Teresa los considera como el camino para corresponder a tanto amor de parte de Dios. Y pensando en esta santidad, dice Santa Teresa, importa el número de miembros de nuestras comunidades, lo importante es que seamos santos; ella lo pide para sus monjas como para sus monjes, pues su reforma no va tanto en la línea de una práctica de unas reglas como están escritas sino en el espíritu con que se practican y el amor que se pone en ello.

Quien es virtuoso seguramente llegará a ser santo; quien vive disipadamente, cumpliendo fríamente las reglas no logra este camino de santidad. Hay que estar en lo que estamos, sí la misión pero ¿con qué virtud? Como le decía una vez San José Cafaso al joven Juan Bosco que lo invitaba a la feria: el descanso del sacerdote es alabar a Dios y estar en el servicio de Dios.

La dicha de quien ama, dice  Sta. Teresa, es que su amado esté contento y sea dichoso. En ese dinamismo se debe vivir la consagración a Dios.

La condición del consagrado como de la consagrada es la de vivir en comunión con Cristo.

Aun para el consagrado (sacerdote diocesano), son necesarias todas las virtudes pues el que vive disipadamente adecuándose al mundo, tarde o temprano el mundo mismo lo rechaza como consagrado.

O somos verdaderos consagrados al gran Rey, o no.

Hna. Pilar Llera, FMA