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Siempre se ha dicho que el que ora se  salva y el que no ora se condena y que el que ora persevera, así como que la oración hace milagros; y es verdad, la oración es como el agua para la tierra, como el  aire para respirar, como el sol que calienta, así es para el alma y para la vida del consagrado y de toda persona que quiere vivir en Cristo.

El Papa Francisco, en su homilía en la Eucaristía con la vida consagrada, comenzó diciendo: “Dime cómo oras y te diré cómo vives y dime cómo vives y te diré cómo oras”, de aquí lo que ya decíamos que la oración es vida para toda nuestra persona.

También nos dijo que no pretendamos tener una oración profunda así nada más por el esfuerzo, sino más bien por la constancia en orar como nos han enseñado nuestros mayores y practicándola con perseverancia, dice el Papa, lograremos poco a poco a hacerla vida y cada vez será más profunda.

La oración que Jesús nos enseñó, dice el Papa Francisco, es sencilla, es con la que nos dijo que el Padre es nuestro Padre y que por eso somos hermanos, pero también al rezar y no nos dejes caer en tentación dijo: “¿En qué tentaciones podemos caer? En la resignación y en la acedia, (es decir, en el ‘qué vamos hacer, así ha sido siempre’), y esta tentación viene del demonio”.

Porque el demonio quiere que nos quedemos en el ‘qué le vamos a hacer, así son las cosas’ y es necesario orar y pedir que no nos deje caer en esta tentación que nos lleva al conformismo y no a lanzarnos a evangelizar, como dice San Pablo “¡Ay de mi si no evangelizo!”

Nosotros consagrados somos discípulos y misioneros, mujeres y hombres llamados a llevar la Buena Noticia del Reino allí donde la violencia, la corrupción y el mal quieren destruir el Reino de Dios; pero es allí donde nosotros debemos actuar con la Palabra y el testimonio. Somos pastores del pequeño rebaño que Dios nos ha confiado y es necesario que salgamos a defenderlo.

De aquí la necesidad de la Oración, para crecer en el contacto con Dios, Padre Nuestro, que los fieles que tenemos en nuestra misión deben percibir y conocer a través de nuestra vida, esta oración sólo se logra cuando somos perseverantes y constantes en ella, oración sencilla como la que nos enseñó Jesús que meditada y vivida nos da la fuerza del testimonio.

Oremos con la Palabra de Dios, recemos el Padrenuestro meditando cada palabra  y pidiéndole al Señor nos libre de estas tentaciones que son el tropiezo para una oración  profunda y para que sea vida, no dejemos nunca este encuentro personal con el Señor a a ejemplo de Jesús que oró siempre al Padre en el silencio de su corazón y nos enseñó  a  hacerlo, para que podamos dar testimonio de una vida toda de  Dios.

“Dime cómo oras y te diré cómo vives; dime cómo vives y te diré cómo oras”  (Papa Francisco).

Hna. Pilar Llera, FMA