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En Irámuco, Guanajuato, el pasado martes 30 de junio, la comunidad religiosa de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo festejaron con una solemne Concelebración Eucarística los 15 años de vida religiosa de la R.M. Rosa Azanza Carmen; dicha ceremonia se llevó a cabo a la una de la tarde en el templo parroquial de San Jerónimo.

Esta ceremonia de acción de gracias estuvo presidida por el párroco P. Jesús Vital León, quien además estuvo acompañado por varios sacerdotes. Durante la homilía, el padre Vital dirigió a todos los presentes estas palabras: “Celebrar la Eucaristía es hacer un alto en nuestras vidas, desde luego para permanecer en el camino del bien, porque este momento tan especial nos une más a Cristo, el cual nos permite meditar no sólo en la grandeza del amor de Dios, sino también en todas nuestras obras”.

Además, también le fueron dirigidas especialmente estas palabras a la R.M. Rosa: “Me imagino que han sido años de profundas alegrías y además de algunas tristezas, pero no se puede quedar aquí en esta celebración, porque la meta no son sólo los 25 años, sino muchos años más, porque uno no se puede quedar contemplando lo que se ha logrado, sino en lo que se va a lograr a futuro. El ejemplo de tus padres te debe motivar cada día, así como el testimonio de tantas religiosas, religiosos, misioneros y sacerdotes”.

Además, resaltó: “Que todo consagrado, así como bautizados, estamos llamados a ser siempre mensajeros de Cristo; esto significa que las obras deben de estar enfocadas en reflejar el amor de Dios. Aunque no sea una tarea fácil, pero es Dios mismo quien nos ayuda a seguir adelante en nuestras vidas”, concluyó.

Antes de la Comunión, la Hna. Rosa se dirigió al altar junto al cirio pascual para renovar su consagración de fidelidad a Cristo, confirmando su deseo por continuar siguiendo el camino de Jesús, camino que me llama “a vivir y compartir la amistad con Él, a través de la entrega como Misionera Guadalupana del Espíritu Santo”. Como gesto especial, durante la presentación de las ofrendas, sus familiares y religiosas entregaron los dones del pan y vino, como signo de entrega y servicio a la Iglesia de Cristo.

Terminada la Eucaristía, la Madre Rosa subió al altar para decir unas palabras de agradecimiento a Dios y a los presentes. Terminada la Celebración Eucarística, se ofreció a todos los asistentes una comida en un conocido salón de este lugar, además durante la convivencia la festejada también compartió su alegría con sus familiares, amigos e invitados.

 

José Antonio Villanueva Chávez