Morelia Mich., a 7 de mayo de 2017

 

Los Obispos de México durante la Centésima Tercera Asamblea Plenaria de la CEM, reflexionamos sobre las acciones de la Iglesia católica ante la emergencia humanitaria, que enfrentan las comunidades de migrantes. El fenómeno social de la migración a la que como nación nos enfrentamos es grave, y su perspectiva futura no apunta a una mejoría sino a tener grandes afectaciones en todo México.Desde esta especial urgencia y preocupación, nos enfocaremos como Iglesia a ayudar y ofrecer nuestro servicio a los migrantes mexicanos y latinoamericanos que transitan por nuestro territorio muchas veces buscando alcanzar los Estados Unidos. Este compromiso no brota de una mera compasión momentánea o de un mero compromiso social solidario. Es por fidelidad al depósito de la fe por lo que reconocemos que Jesús, José y María fueron migrantes y refugiados, que huyeron de su querida tierra para buscar mejores condiciones de vida y seguridad. En la carne concreta de los migrantes, Jesús mismo continúa caminando en búsqueda de un nuevo horizonte más fraterno y justo para las personas y para los pueblos.Ante esta situación, la Iglesia Católica, como comunidad e institución que forma parte importante de la sociedad mexicana, asume la responsabilidad histórica de actuar al servicio de nuestro pueblo. Se espera de ella y ofrece, no solamente una palabra profética, sino un compromiso de vida y de acción permanentes. Un testimonio personal y comunitario. En otras palabras, la Iglesia ha de continuar haciendo camino junto con los migrantes porque ellos también son Pueblo de Dios que camina en la historia.Compartimos con nuestros hermanos obispos de Estados Unidos la decisión de ser solidarios y seguir apoyando a las familias inmigrantes. Recordamos a todas las  comunidades de nuestra nación, que estas familias y sus miembros tienen un valor intrínseco, como hijos de Dios. El diálogo que mantendremos desembocará en compromisos concretos y procesos compartidos, que tengan impacto en la vida real. En la Iglesia nos comprometemos a generar espacios de reflexión para promover ideas, estrategias y acciones al interior de las diócesis y de cada parroquia, en favor de los migrantes. Aquí en la arquidiócesis de Morelia tenemos la dimensión de movilidad humana a través de la cual ofrecemos albergue y atención a nuestro alcance a todos los migrantes que solicitan apoyo, de igual manera estamos en vinculación con las autoridades de migración para facilitarles los trámites.

 

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FOMENTAR LA PAZ ANTE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Ante el problema social de violencia contra las mujeres que viven muchas de nuestras comunidades, proponemos que nos demos cuenta que estas acciones violentas representan un desafío social y cultural. Esta conducta es aprendida y tolerada socialmente; se relaciona con la comprensión que los hombres y mujeres tienen de su masculinidad y femineidad. Si bien la condición económica, el alcoholismo y la adicción a las drogas no son la causa directa de este tipo de violencia, sí la agravan; pero la raíz última de la violencia es el ejercicio desigual de poder en la vida familiar y social. Llama la atención que frente a la violencia que sufren las mujeres hay quienes las señalan a ellas mismas como responsables de las agresiones que sufren; quienes piensan así, no toman en cuenta el hecho de que una persona que es agredida constantemente, experimenta intensos sentimientos de vergüenza y miedo que la inhabilitan para huir o pedir ayuda, y que en muchas ocasiones son las condiciones sociales, económicas o culturales las que disuaden a una mujer maltratada de romper el vínculo con el agresor. Es lamentable que además de la violencia intrafamiliar muchas mujeres mexicanas sufran violencia en distintos contextos sociales, entre ellos, es importante destacar algunos ambientes de trabajo, en los que no existen condiciones laborales adecuadas a la situación femenina (CNP 70). Invito a valorar el papel de las mujeres en nuestra sociedad y en nuestras familias, reconozcamos su trabajo y su entrega diaria, fomentemos la paz valorándolas y reconociendo que su presencia es insustituible. Ojalá que todos nos comprometamos a crear condiciones de atención y acompañamiento a las mujeres víctimas de la violencia,