El diálogo social como contribución a la paz

 

El descontento por el desacuerdo ante la deficiente competencia de jueces para impartir la ley, que ha hecho surgir diversas controversias que pueden llevar a confrontaciones de todo tipo, me lleva nuevamente a hacer un llamado para que todos tengamos en cuenta la necesidad de dialogar. El diálogo conlleva escuchar las partes y tener consensos y decisiones en la verdad y la justicia. Como «la Iglesia habla desde la luz que le ofrece la fe», los invito a ir más allá de la razón humana para enriquecer a los que no creen, e invitar a la razón a ampliar sus perspectivas. La Iglesia proclama «el Evangelio de la Paz» y está abierta a la colaboración con todas las autoridades para cuidar este bien universal tan grande. Es hora de diseñar una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones, apegada a la verdad y al bien de las personas. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la persona y su cultura; no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. Se trata de dialogar para alcanzar un acuerdo para establecer un pacto social y cultural. Al Estado compete el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiaridad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos (EG 238-240).

Morelia, ciudad de herencia y compromiso

En torno al 476º aniversario de la fundación de la ciudad de Morelia (18 de mayo), quiero felicitar a todos los morelianos, así como también recordar el compromiso de todos los ciudadanos y autoridades por el desarrollo integral de nuestras ciudades y pueblos. Nuestra ciudad hermosa, en su arquitectura, manifiesta cultura y belleza heredadas. Pero más allá de nuestros tesoros históricos, tenemos el compromiso de seguirla construyendo hoy, no sólo en su aspecto físico-material sino en su calidad humana, en la belleza social de sus habitantes. Ciudadanos y autoridades, instituciones y asociaciones civiles, tenemos que poner nuestra mirada en aquellos habitantes que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisión hacia el pleno desarrollo (PP1). En nuestra ciudad y en todo nuestro Estado se necesita asegurar el bien de las personas, ya que es condición necesaria para asegurar la paz. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz (GS 78). Somos una familia humana, cualesquiera que sean nuestras diferencias políticas, religiosas, raciales, étnicas, económicas e ideológicas, todos somos custodios de nuestros hermanos y hermanas dondequiera que se encuentren. Tenemos la tarea de ser solidarios entre nosotros mismos, ya que en el centro de la virtud de la solidaridad está la búsqueda de la justicia y la paz. El amor por todos nuestros hermanos y hermanas exige que fomentemos la paz como la mejor manera de celebrar el aniversario de la fundación de nuestra ciudad de Morelia. ¡Felicidades, habitantes y ciudadanos de Morelia!