TRADICIÓN, VALOR Y COMPROMISO

Altares, comida, celebraciones, fiesta, recuerdo, convivencia, descanso….todo esto se vive en torno a las tradiciones que giran al “Día de Muertos” por ello es necesario valorarlas y darle el verdadero sentido cristiano. En México, cada pueblo, cada región, tiene sus propias tradiciones, sus propios usos y costumbres. Hablar del Día de Muertos en Michoacán, es hablar de misticismo, de simbología, de raíces prehispánicas, de altares, de ofrendas, de historia, de los últimos días de octubre y los primeros de noviembre. Ahora que han comenzado las celebraciones de este año 2017, es buen momento para hablar de todo lo que representa, del origen de la tradición, de lo que poco a poco hemos ido olvidando, de la simbología de los altares y las diferentes actividades que enmarcan la tradición más grande de México. Aquella, en la que la muerte toma a la vez un sentido solemne, religioso y festivo. La celebración de Día de Muertos varía de región a región, de pueblo a pueblo, pero todos tienen un principio común: la familia se reúne para dar la bienvenida a las ánimas, colocar los altares y las ofrendas, visitar el cementerio y arreglar las tumbas, asistir a los oficios religiosos, despedir a los visitantes y sentarse a la mesa para compartir los alimentos, que tras haber sido levantada la ofrenda, han perdido su aroma y sabor, pues los difuntos se han llevado su esencia. Quiero unirme a todos ustedes en estas tradiciones, me uno al recuerdo, al dolor, a la oración, pero sobre todo a la fe al conmemorar a nuestros difuntos. La muerte tristemente va visitando nuestros hogares arrancándonos a nuestros seres más queridos. Que estos próximos días nos comprometa a ser agradecidos con Dios por la vida, a llevarnos bien con todos los hermanos –vivos- con quienes caminamos hoy, a vivir la justicia y la paz, para que nosotros cuando volvamos a “ver” a todos aquellos a quienes lloramos y recordamos en nuestras tradiciones y celebraciones, gocemos eternamente de la Paz que sólo Cristo resucitado nos puede dar.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ: UN COMPROMISO DE TODOS

Desde mi llegada a la Arquidiócesis de Morelia, he insistido en la Construcción de la Paz como tema apremiante y fundamental tanto en la Iglesia como en la sociedad. Hace algunos años como Arzobispo de Acapulco tuve la experiencia y el compromiso de luchar para construir la paz en el Estado de Guerrero, por ello les comparto, que en el marco del aniversario CLXVIII de la erección del Estado, el pasado viernes 27 de este mes, el Gobierno del Estado y de manos del gobernador Héctor Astudillo, se me otorgó la Condecoración Nicolás Bravo, por  el esfuerzo de la  promoción y defensa de los derechos humanos, a favor de los guerrerenses. Ahora como Arzobispo de Morelia, sigo estando convencido que Evangelizar es construir la paz en un contexto de violencia y de inseguridad, tan grave como el que padece nuestro Estado de Michoacán, lamento la muerte en días pasados de Artemio Murillo Villanueva, presidente del Partido de la Revolución Institucional (PRI) del municipio de Turicato y su secretaria Verónica Ambríz Carrillo. Ante este hecho lamentable, es necesario seguir construyendo la paz, es una tarea y responsabilidad de todos. A todos nos perjudica que la violencia esté destruyendo nuestras familias y nuestra sociedad. Nadie puede sentirse excluido en esta labor titánica. Aunque hay muchos organismos e instituciones que están trabajando por plantear alternativas sustentables para Construir la Paz, no será posible si no nos involucramos todos. Hago un llamado a todos para que nos sumemos a las diversas iniciativas que tanto gobierno, instituciones civiles, universidades, escuelas, iglesias y demás actores sociales están implementando para construir la paz; seguramente todas ellas redundarán en un mejor Michoacán y Guanajuato para todos, y en Construir paso a paso la Paz que tanto anhelamos.

En este compromiso evangélico, social y civil de construir la paz, compartiré en Seúl, Corea del Sur, la experiencia que tuve en la Arquidiócesis de Acapulco durante más de seis años, y ahora en la Arquidiócesis de Morelia el esfuerzo que tiene como finalidad reconstruir a las personas y a las comunidades, sometidas durante mucho tiempo, a la violencia y a la inseguridad, así como a la violación de sus derechos humanos y al menosprecio de su dignidad como personas. Del 30 de octubre al 8 de noviembre del año en curso, la Arquidiócesis de Seúl, Corea del Sur, celebra un Foro para la Paz en la Península. He aceptado la invitación que me ha hecho el Cardenal Andrew Yeom Soo-jung, Arzobispo de Seúl, para participar en dicho Foro. Mi participación gira en torno a “La misión de la Iglesia de promover la justicia y la paz en América Latina”. Espero que dicho Foro abra la posibilidad de construir bases a fin de lograr un mundo mejor, más justo y más seguro en ese país asiático y en el mundo.

      En Cristo, nuestra Paz

+ Carlos Garfias Merlos

          Arzobispo de Morelia