EDUCACIÓN UNIVERSITARIA: UN DERECHO Y UN DEBER

En relación a la importancia de la educación universitaria, quiero referirme a la compleja situación  educativa actual de nuestras universidades y recordar que es necesario que todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, participen de la dignidad humana y tienen el derecho inalienable de educación, que responda al propio fin, a su carácter, a la diferencia de sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias; y que, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos, a fin de fomentar en la sociedad la verdadera unidad y la paz. Los jóvenes tienen derecho a una verdadera educación que forme a la persona humana en orden a su fin último y al bien de las comunidades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades dará cuenta una vez llegado a la madurez.

Las instituciones civiles y eclesiales tenemos la misión de colaborar en la educación de los jóvenes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus capacidades físicas, morales e intelectuales. Es fundamental que adquieran gradualmente un sentido más pleno de la responsabilidad de la propia vida y en la práctica de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de espíritu. También favorecer que tengan condiciones para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y aporten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común.

Los jóvenes universitarios tienen derecho a que sus padres, las autoridades civiles y eclesiales, estimulen, despierten y les ayuden a asumir su responsabilidad en el deseo del aprendizaje y superación, conforme a la conciencia  de los valores morales y civiles que demanda hoy nuestro país, para que sean los agentes de cambio que necesita nuestra sociedad.

PROCESO ELECTORAL 2018: RESPONSABILIDAD Y PARTICIPACIÓN

Ante el momento político que inicia, exhorto a todos los fieles a la civilidad política y social, todos estamos llamados a construir nuestra democracia con interés y responsabilidad.

Las próximas elecciones de julio son una oportunidad para que los candidatos estén a la altura de los tiempos políticos que demanda nuestra Patria y nuestros pueblos, favoreciendo el desarrollo en paz del proceso electoral.  Al hacerse poco a poco visibles los candidatos se intensificará el ambiente electoral en el que los partidos políticos serán los protagonistas principales.

Hagamos un verdadero esfuerzo por lograr la reconciliación entre las distintas opciones políticas y en la medida de lo posible la integración de las ideas que potencien la grandeza de nuestras instituciones y pueblos. Fortalezcamos la convivencia pacífica y favorezcamos la participación responsable y respetuosa.

Las distintas posturas políticas serán ocasión para que la contienda electoral nos haga más sensibles y conscientes de la necesidad de colaborar juntos, poniendo todo el esfuerzo, para erradicar la corrupción, la ignorancia y las profundas desigualdades sociales que han marcado a nuestros pueblos. Por ello es necesario que los ciudadanos generen espacios de participación, responsabilidad y vigilancia en el proceso electoral.

Propiciemos una convivencia pacífica y respetuosa, ya que todos buscamos el progreso, la justicia, el respeto a los derechos humanos y el bien de la Patria. Más allá de las diferencias ideológicas, tenemos en común un territorio, una historia, unos valores, un destino. Exhorto a los precandidatos, a los futuros candidatos y a todos los que tienen responsabilidades en el proceso electoral que busquen siempre favorecer el bien común, promoviendo el orden, la justicia, la equidad y la paz.

    

+ Herculano Medina Garfias

                     Obispo Auxiliar de Morelia