DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER

Hoy, 4 de febrero, con el objetivo de concienciar e informar a la población sobre la necesidad de prevenir las enfermedades oncológicas se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer. Este 2018 se celebra bajo el lema “Nosotros podemos, yo puedo”, con la idea de poner énfasis en la necesidad de emprender acciones y poner en marcha todo lo que ya sabemos para impulsar la lucha global contra esta enfermedad. El objetivo de la jornada es reducir el número de muertes evitables cada año. Por ello se pretende aumentar la concienciasobre el cáncer entre la población en general y hacer que los gobiernos adopten medidas contra esta enfermedad.

Los invito para que tengamos estilos de vida saludable, que tengamos una cultura de detección precoz, que tratemos de tener una buena calidad de vida. Tengamos en cuenta que la epidemia mundial de cáncer es de enormes dimensiones, y se prevé que vaya en aumento. Actualmente, 8,2 millones de personas en el mundo mueren de cáncer, cifra que incluye 4 millones de muertes prematuras (personas en edades comprendidas entre los 30 y los 69 años). Por tal motivo, hay que tomar acciones urgentes para aumentar la concienciación de la enfermedad. Este Día Mundial contra el Cáncer 2018 sólo es una de estas acciones.

La Iglesia en este caso sirve de muchas maneras a los enfermos y cuida de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13). La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves.

La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, en especial con los que padecen cáncer, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno. Siempre hay que cuidar la dieta, el ejercicio y la debida medicación con la asesoría médica adecuada.

DESARROLLO, IGUALDAD Y RESPETO A LA DIGNIDAD HUMANA, CONDICIONES PARA LA PAZ

En torno al análisis de las raíces de la violencia y la búsqueda de soluciones de fondo que ofrezcan más allá de la mera seguridad pública, comprendemos que el modelo de desarrollo vigente no proporciona condiciones de vida equitativa para todos, por ello propicia y genera la violencia. Un modelo de desarrollo que no respeta y valora la dignidad de todas las personas por igual, es generador de desigualdad y, por lo mismo, de violencia Este es el señalamiento que los obispos mexicanos hacemos en nuestra exhortación pastoral que en ‘Cristo nuestra Paz, México tenga vida digna’: “En medio de la situación de inseguridad y violencia que venimos considerando y al contemplar el panorama de millones de mexicanos que se han empobrecido, nos preguntamos: ¿puede existir la paz cuando hay hombres, mujeres y niños que no pueden vivir según las exigencias de la plena dignidad humana? ¿Puede existir una paz duradera en un mundo donde imperan relaciones sociales, económicas y políticas inequitativas, que favorecen a un grupo a costa de otro? ¿Puede establecerse una paz genuina sin el reconocimiento efectivo de la sublime verdad de que todos somos iguales en dignidad, porque todos hemos sido creados a imagen de Dios.

Por ello, la paz tiene que ser obra colectiva, de todos y de todo tiempo. Nadie puede excusarse de no actuar al respecto. Comprometerse por la paz es favorecer la dignificación de todos los mexicanos, sobre todo de las víctimas de la violencia pero también de quienes viven en la pobreza extrema, que es otra forma de violencia. Todos estamos convocados a participar y ser corresponsables desde el lugar propio de cada quien y en el metro cuadrado que ocupa su existencia. Es fundamental la igualdad y el respeto a la dignidad de la persona humana, pero todos somos corresponsables para hacer posible esta igualdad, corresponsabilidad y respeto a la dignidad humana, en la construcción de la paz.

+ Carlos Garfias Merlos

                           Arzobispo de Morelia

Comunicado de Prensa 05-18

Morelia, Mich., a 04 de febrero de 2018

 

DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER

 

Hoy, 4 de febrero, con el objetivo de concienciar e informar a la población sobre la necesidad de prevenir las enfermedades oncológicas se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer. Este 2018 se celebra bajo el lema “Nosotros podemos, yo puedo”, con la idea de poner énfasis en la necesidad de emprender acciones y poner en marcha todo lo que ya sabemos para impulsar la lucha global contra esta enfermedad. El objetivo de la jornada es reducir el número de muertes evitables cada año. Por ello se pretende aumentar la conciencia sobre el cáncer entre la población en general y hacer que los gobiernos adopten medidas contra esta enfermedad.

Los invito para que tengamos estilos de vida saludable, que tengamos una cultura de detección precoz, que tratemos de tener una buena calidad de vida. Tengamos en cuenta que la epidemia mundial de cáncer es de enormes dimensiones, y se prevé que vaya en aumento. Actualmente, 8,2 millones de personas en el mundo mueren de cáncer, cifra que incluye 4 millones de muertes prematuras (personas en edades comprendidas entre los 30 y los 69 años). Por tal motivo, hay que tomar acciones urgentes para aumentar la concienciación de la enfermedad. Este Día Mundial contra el Cáncer 2018 sólo es una de estas acciones.

La Iglesia en este caso sirve de muchas maneras a los enfermos y cuida de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13). La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves.

La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, en especial con los que padecen cáncer, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno. Siempre hay que cuidar la dieta, el ejercicio y la debida medicación con la asesoría médica adecuada.

 

DESARROLLO, IGUALDAD Y RESPETO A LA DIGNIDAD HUMANA, CONDICIONES PARA  LA PAZ

 

En torno al análisis de las raíces de la violencia y la búsqueda de soluciones de fondo que ofrezcan más allá de la mera seguridad pública, comprendemos que el modelo de desarrollo vigente no proporciona condiciones de vida equitativa para todos, por ello  propicia y genera la violencia. Un modelo de desarrollo que no respeta y valora la dignidad de todas las personas por igual, es generador de desigualdad y, por lo mismo, de violencia  Este es el señalamiento que los obispos mexicanos hacemos en nuestra exhortación pastoral que en ‘Cristo nuestra Paz, Mexico tenga vida digna’: “En medio de la situación de inseguridad y violencia que venimos considerando y al contemplar el panorama de millones de mexicanos que se han empobrecido, nos preguntamos: ¿puede existir la paz cuando hay hombres, mujeres y niños que no pueden vivir según las exigencias de la plena dignidad humana? ¿Puede existir una paz duradera en un mundo donde imperan relaciones sociales, económicas y políticas inequitativas, que favorecen a un grupo a costa de otro? ¿Puede establecerse una paz genuina sin el reconocimiento efectivo de la sublime verdad de que todos somos iguales en dignidad, porque todos hemos sido creados a imagen de Dios.

Por ello, la paz tiene que ser obra colectiva, de todos y de todo tiempo. Nadie puede excusarse de no actuar al respecto. Comprometerse por la paz es favorecer la dignificación de todos los mexicanos, sobre todo de las víctimas de la violencia pero también de quienes viven en la pobreza extrema, que es otra forma de violencia. Todos estamos convocados a participar y ser corresponsables desde el lugar propio de cada quien y en el metro cuadrado que ocupa su existencia. Es fundamental la igualdad y el respeto a la dignidad de la persona humana, pero todos somos corresponsables para hacer posible esta igualdad,  corresponsabilidad y respeto a la dignidad humana, en la construcción de la paz.

 

+ Carlos Garfias Merlos

                           Arzobispo de Morelia