A TODA LA COMUNIDAD ARQUIDIOCESANA DE MORELIA Y A LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD:

Les saludo a todos con mucho cariño y alegría, en Cristo nuestra Paz, deseándoles unas ¡Felices Pascuas de Resurrección!

Queridos hermanos, Jesucristo, encarnación de la misericordia de Dios, ha muerto en la cruz por amor, y por amor ha resucitado. Por eso proclamamos: “La misericordia de Dios es eterna”, ¡Jesús ha resucitado!

La resurrección de Cristo cumple plenamente la profecía del Salmo: «La misericordia de Dios es eterna», su amor es para siempre, nunca muere. Podemos confiar totalmente en él, y le damos gracias porque ha descendido por nosotros hasta el fondo del abismo.

Ante las profundas grietas espirituales y morales de la humanidad, ante el vacío que se crea en el corazón y que provoca odio, muerte violencia y sufrimiento, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación. Sólo Dios puede llenar con su amor este vacío, estas fosas, esas grietas profundas y hacer que no nos hundamos, y que podamos seguir avanzando juntos hacia la tierra de la libertad y de la vida, hacia la verdad, la justicia y la paz.

Con el anuncio gozoso de la Pascua: Jesús, el crucificado, «no está aquí, ¡ha resucitado!» (Mt. 28, 6), encontramos la certeza consoladora de que hemos brincado el abismo de la muerte y, con ello, ha quedado derrotado el luto, el llanto y la angustia (cf. Ap. 21, 4). El Señor, que sufrió el abandono de sus discípulos, el peso de una condena injusta y la vergüenza de una muerte infame, nos hace ahora partícipes de su vida inmortal, y nos concede su mirada de ternura y compasión hacia los hambrientos y sedientos, hacia los extranjeros y los encarcelados, hacia los marginados y descartados y hacia las víctimas del abuso y las violencias.

En nuestros Estados de Michoacán y de Guanajuato tan heridos y lastimados por la pobreza, la marginación y la violencia, la corrupción y la impunidad, la desigualdad y la discriminación es compromiso y responsabilidad de todos fomentar decididamente la “cultura del encuentro y de la paz” favoreciendo la misericordia y el diálogo tanto con personas e instituciones extra-eclesiales, como en el interior de nuestra Iglesia, propiciando y experimentando la alegría de encontrarnos, de reconocernos como iguales, buscando juntos caminos de reconciliación y de paz, que fortalezcan nuestras esperanzas.   Que el Señor Jesús, nuestra paz (cf. Ef. 2, 14), que con su resurrección ha vencido el mal y el pecado, avive en esta fiesta de Pascua nuestra cercanía a las víctimas de las violencia y pueda responder y contrarrestar a esa forma ciega y brutal que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes de nuestros pueblos.

Dios ha vencido el egoísmo y la muerte con las armas del amor; su Hijo, Jesús, es la puerta de la misericordia, abierta de par en par para todos. El Cristo resucitado, anuncio de vida para toda la humanidad que brilla a través de los siglos, nos invita a no olvidar a los hombres y las mujeres en camino para buscar un futuro mejor, más justo y fraterno, más digno y en paz.

A quienes en nuestra sociedad han perdido toda esperanza y el gusto de vivir, les dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: «Mira, hago nuevas todas las cosas... al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap. 21, 5-6). Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de perdón, reconciliación y paz con Dios y con los hermanos.

 

¡Felices Pascuas de Resurrección!

 

 

+ CARLOS GARFIAS MERLOS

ARZOBISPO DE MORELIA

Dado en las oficinas del Arzobispado de Morelia, a los 01 días del mes de abril del año 2018.