DÍA INTERNACIONAL DE LA MADRE TIERRA

Hoy con todo el mundo celebramos a la «Madre Tierra». Con el lema «Terminar con la contaminación de los plásticos» en este año 2018 tomemos conciencia de que la Tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la Tierra. La mejor herencia que podemos dejar a las futuras generaciones es el amor, el conocimiento, la paz y un planeta habitable.

La Tierra es nuestra “casa común” y sus ecosistemas son nuestro hogar. Para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y el planeta. Cuidar el medio ambiente y generar formas de no contaminación y de mantenimiento y respeto de la naturaleza es una misión cada vez más inaplazable de nuestro tiempo.

Esta celebración del Día Internacional de la Madre Tierra nos permite renovar la conciencia de que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento. En este día asumamos la responsabilidad colectiva y personal de cambiar nuestros malos hábitos que llevan al deterioro ambiental.

Todos los habitantes del planeta renovemos el compromiso acerca de los problemas que afectan a la Tierra y a las diferentes formas de vida que en él se desarrollan. En este día debemos tomar conciencia de que tenemos que proteger, agradecer y cuidar el planeta. Es una fecha a modo de recordatorio de que todos hemos de poner de nuestra parte para que el planeta siga adelante. Estemos conscientes de la necesidad de proteger el medio ambiente, conservemos la biodiversidad, paliemos la contaminación y hagamos un uso responsable de los recursos naturales.

LA MISIÓN DEL SACERDOTE EN UN CONTEXTO DE INSEGURIDAD Y VIOLENCIA

Ante los recientes hechos de violencia que están sufriendo algunas diócesis de México por el asesinato de alguno de sus sacerdotes, a saber, Pbro. Rubén Alcántara Díaz, de la Diócesis de Izcalli; Pbro. Juan Miguel Contreras García, de la Diócesis de Guadalajara; y Pbro. Lucino Flores Sánchez, de la Diócesis de Puebla, consideremos que la violencia y la inseguridad siguen siendo amenazas que pesan mucho sobre los pueblos que se nos han confiado para acompañar mediante la acción pastoral cotidiana. Los sacerdotes tenemos una misión de evangelización en las comunidades y por ello tenemos una responsabilidad pastoral y social que cumplir en torno a los sufrimientos y las aspiraciones de la gente.

La muerte de estos últimos tres sacerdotes nos manifiestan y nos hacen pensar cómo la violencia está calando muy hondo en nuestras comunidades y en numerosas familias, la sociedad sigue necesitando de la presencia pastoral de los sacerdotes. Más allá de la muerte de nuestros hermanos sacerdotes, queremos renovar con espíritu de corresponsabilidad las tareas que nos tocan como pastores para generar cambios profundos en la sociedad que aseguren condiciones de vida favorables para la justicia, la solidaridad y la paz.

Las tareas que tocan cumplir a los sacerdotes, desde la Iglesia, en el acompañamiento pastoral y espiritual a las personas, las familias y las comunidades afectadas por la violencia van orientadas al orden y al empeño de ayudarles a que sean capaces de sobreponerse desde la fe y de recibir consuelo. También estamos llamados a alentar la esperanza que se desprende del encuentro con Dios, para que la gente no se aísle ni se resigne a la violencia, sino más bien se incorpore activamente a proyectos y acciones de construcción de la paz.

Expreso mi cercanía y oración a mis hermanos obispos de Guadalajara, Puebla e Izcalli y me uno a las comunidades donde los sacerdotes ejercían su ministerio, y junto a mi oración, los animo a seguir comprometidos en la construcción de una cultura de paz, “Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Esta bienaventuranza es una promesa y una buena noticia, de que la paz es posible y no podemos renunciar a ella. Los que trabajan por la paz, aman, protegen y defienden la vida en su integridad.

Es necesario seguir enseñando a los hombres a amarse y educarse para la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es fundamental que se cree el convencimiento de que “hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar”.

Hago un llamado para promover valores, actitudes y comportamientos que propicien en la ciudadanía una cultura de paz generando espacios de convivencia y encuentro entre las personas que fortalezcan lazos de comunidad y acción ciudadana, y fortaleciendo el capital social de organizaciones, instituciones y sociedad civil que impulsan proyectos y acciones a favor de la paz, con la finalidad de potenciar las condiciones para promover redes de apoyo que faciliten la reconstrucción del tejido social.

+ Carlos Garfias Merlos

Arzobispo de Morelia

 

 

 

 

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA MADRE TIERRA

 

Hoy con todo el mundo celebramos a la «Madre Tierra». Con el lema «Terminar con la contaminación de los plásticos» en este año 2018 tomemos conciencia de que la Tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la Tierra. La mejor herencia que podemos dejar a las futuras generaciones es el amor, el conocimiento, la paz y un planeta habitable.

La Tierra es nuestra “casa común” y sus ecosistemas son nuestro hogar. Para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y el planeta. Cuidar el medio ambiente y generar formas de no contaminación y de mantenimiento y respeto de la naturaleza es una misión cada vez más inaplazable de nuestro tiempo.

Esta celebración del Día Internacional de la Madre Tierra nos permite renovar la conciencia de que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento. En este día asumamos la responsabilidad colectiva y personal de cambiar nuestros malos hábitos que llevan al deterioro ambiental.

Todos los habitantes del planeta renovemos el compromiso acerca de los problemas que afectan a la Tierra y a las diferentes formas de vida que en él se desarrollan. En este día debemos tomar conciencia de que tenemos que proteger, agradecer y cuidar el planeta. Es una fecha a modo de recordatorio de que todos hemos de poner de nuestra parte para que el planeta siga adelante. Estemos conscientes de la necesidad de proteger el medio ambiente, conservemos la biodiversidad, paliemos la contaminación y hagamos un uso responsable de los recursos naturales.

 

LA MISIÓN DEL SACERDOTE EN UN CONTEXTO DE INSEGURIDAD Y VIOLENCIA

Ante los recientes hechos de violencia que están sufriendo algunas diócesis de México por el asesinato de alguno de sus sacerdotes, a saber, Pbro. Rubén Alcántara Díaz, de la Diócesis de Izcalli; Pbro. Juan Miguel Contreras García, de la Diócesis de Guadalajara; y Pbro. Lucino Flores Sánchez, de la Diócesis de Puebla, consideremos que la violencia y la inseguridad siguen siendo amenazas que pesan mucho sobre los pueblos que se nos han confiado para acompañar mediante la acción pastoral cotidiana. Los sacerdotes tenemos una misión de evangelización en las comunidades y por ello tenemos una responsabilidad pastoral y social que cumplir en torno a los sufrimientos y las aspiraciones de la gente.

La muerte de estos últimos tres sacerdotes nos manifiestan y nos hacen pensar cómo la violencia está calando muy hondo en nuestras comunidades y en numerosas familias, la sociedad sigue necesitando de la presencia pastoral de los sacerdotes. Más allá de la muerte de nuestros hermanos sacerdotes, queremos renovar con espíritu de corresponsabilidad las tareas que nos tocan como pastores para generar cambios profundos en la sociedad que aseguren condiciones de vida favorables para la justicia, la solidaridad y la paz.

Las tareas que tocan cumplir a los sacerdotes, desde la Iglesia, en el acompañamiento pastoral y espiritual a las personas, las familias y las comunidades afectadas por la violencia van orientadas al orden y al empeño de ayudarles a que sean capaces de sobreponerse desde la fe y de recibir consuelo. También estamos llamados a alentar la esperanza que se desprende del encuentro con Dios, para que la gente no se aísle ni se resigne a la violencia, sino más bien se incorpore activamente a proyectos y acciones de construcción de la paz.

Expreso mi cercanía y oración a mis hermanos obispos de Guadalajara, Puebla e Izcalli y me uno a las comunidades donde los sacerdotes ejercían su ministerio, y junto a mi oración, los animo a seguir comprometidos en la construcción de una cultura de paz, “Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Esta bienaventuranza es una promesa y una buena noticia, de que la paz es posible y no podemos renunciar a ella. Los que trabajan por la paz, aman, protegen y defienden la vida en su integridad.

Es necesario seguir enseñando a los hombres a amarse y educarse para la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es fundamental que se cree el convencimiento de que “hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar”.

Hago un llamado para promover valores, actitudes y comportamientos que propicien en la ciudadanía una cultura de paz generando espacios de convivencia y encuentro entre las personas que fortalezcan lazos de comunidad y acción ciudadana, y fortaleciendo el capital social de organizaciones, instituciones y sociedad civil que impulsan proyectos y acciones a favor de la paz, con la finalidad de potenciar las condiciones para promover redes de apoyo que faciliten la reconstrucción del tejido social.

 

 

+ Carlos Garfias Merlos

Arzobispo de Morelia